La crisis energética ya ha empezado a trasladarse de Oriente Medio a Asia. China ha pedido a sus grandes refinerías que suspendan la firma de nuevos contratos de exportación de gasolina y diésel y que intenten cancelar parte de los envíos ya comprometidos, mientras Tailandia ha prohibido temporalmente la salida de combustibles y GLP para proteger su mercado interno. Ambas decisiones llegan después de que el estrecho de Ormuz haya quedado efectivamente cerrado al tráfico comercial por la guerra con Irán, una disrupción que afecta a uno de los principales corredores del petróleo mundial.
El paso entre Irán y Omán canaliza alrededor de 20 millones de barriles diarios, cerca del 20% del consumo mundial de petróleo, además de una parte relevante del gas natural licuado que va hacia Asia según explica AP News. Por ello, incluso una interrupción parcial tiene capacidad para alterar precios, rutas marítimas y decisiones de política energética en cuestión de días.
Pekín endurece el control sobre sus refinerías
La instrucción china, atribuida a fuentes del sector y recogida por Reuters y Bloomberg, afecta a grandes grupos como Sinopec y PetroChina y supone, en la práctica, un cierre casi total de nuevas ventas externas de gasolina y gasóleo. Quedan fuera algunos segmentos como el suministro de combustible de aviación para vuelos internacionales, el bunkering bajo régimen aduanero y ciertas entregas a Hong Kong y Macao.
Este movimiento refleja hasta qué punto Pekín da prioridad a la estabilidad interna frente al negocio exportador. China es uno de los grandes proveedores regionales de productos refinados, de modo que una reducción de sus ventas podría estrechar aún más el mercado asiático y elevar los márgenes de refino. Sin embargo, todavía no hay una confirmación pública detallada de la Comisión Nacional para el Desarrollo y la Reforma sobre el alcance final de la orden.
Bangkok activa una prohibición formal
La respuesta tailandesa ha sido más transparente. La orden del primer ministro Anutin Charnvirakul fue publicada en la Royal Gazette el 6 de marzo y prohíbe temporalmente la exportación de varios combustibles y de GLP, con excepciones para Laos y Myanmar. El objetivo declarado es evitar una escasez interna ante la tensión en Oriente Medio.
Las autoridades han ofrecido cifras distintas sobre el colchón disponible. El Ministerio de Energía habló primero de unos 60 días de suministro si no llegaran nuevas importaciones, aunque después el ministro señaló que Tailandia cuenta con alrededor de 95 días de reservas petroleras. En paralelo, en Koh Samui se han registrado largas colas y episodios de compras preventivas, lo que sugiere que el miedo social ya está teniendo efectos visibles aunque el desabastecimiento general no se haya materializado.
Japón se mueve; India vigila con más margen del que parecía
La inquietud también ha alcanzado a Japón, donde al menos una refinería canceló exportaciones de marzo y el sector ha pedido acceso a reservas estratégicas. En India, en cambio, la situación requiere más cautela de la que reflejaba el texto original: el país sí teme el impacto sobre el GLP y el crudo, pero no hay base sólida para afirmar que solo dispone de 30 días de cobertura. De hecho, el Gobierno indio informó el 9 de marzo de una capacidad total equivalente a 74 días de reservas de petróleo y productos petrolíferos.
Los mercados ya han reaccionado. Reuters informó el 2 de marzo de un fuerte repunte del petróleo y, este 11 de marzo, el Brent seguía cotizando en torno a 92 dólares tras varios días de extrema volatilidad. Además, AP informó hoy de que la Agencia Internacional de la Energía ha acordado la mayor liberación de reservas de emergencia de su historia, una señal de que la perturbación ha dejado de ser regional para convertirse en un problema global de seguridad energética.










