El equipo de la Universidad Nacional de Seúl ha diseñado una película multicapa que hace algo que parecía reservado a la ciencia más exótica. Deja pasar la luz visible del parabrisas, refleja la radiación infrarroja responsable del calentamiento y, como remate, emite hacia el cielo el calor atrapado dentro del coche en forma de infrarrojo medio. Todo sin enchufar nada y sin una sola pieza mecánica. El sistema, bautizado como Scalable Transparent Radiative Cooling (STRC), aparece publicado en la revista Energy & Environmental Science de la Royal Society of Chemistry.
La escena que intenta evitar es rutinaria para cualquier conductor. Aparcar bajo el sol de julio y volver media hora después a un salpicadero que supera los 50 °C, un volante que no se puede tocar sin quemarse y una palanca de cambios convertida en plancha. La radiación solar acumulada eleva la temperatura interior muy por encima del confort aceptable, y el primer acto del conductor al entrar es poner el aire acondicionado al máximo durante varios kilómetros.
Qué hace el material cuando le pega el sol
El recubrimiento combina tres propiedades ópticas que suelen ir por separado. Permite el paso de más del 70% de la luz visible, imprescindible para que el conductor vea por el parabrisas sin dificultad. Refleja la radiación infrarroja cercana, que es la parte del espectro solar que más calienta y la que los cristales tintados tradicionales bloquean solo parcialmente. Y emite en el infrarrojo medio el calor acumulado en el propio habitáculo, enviándolo al espacio a través de una “ventana atmosférica” en la que la propia atmósfera actúa como refrigerante pasivo.
El concepto se conoce como enfriamiento radiativo pasivo y se había demostrado en superficies opacas, como tejados de edificios. El salto de los investigadores de Seúl es haber conseguido que funcione manteniendo la transparencia suficiente para un parabrisas. Según los autores, el algoritmo corrige automáticamente las variaciones ópticas en función del ángulo solar, lo que mantiene estable el rendimiento cuando el coche queda orientado al este por la mañana o al oeste por la tarde.
Por qué cristales tintados y Low-E se quedan cortos
La solución estándar contra el calentamiento del coche son las láminas tintadas y los recubrimientos Low-E, un estándar ya extendido en edificación. Las láminas tintadas oscurecen el vidrio y reducen la luminosidad interior, lo que complica la conducción nocturna y obliga a pagar con visibilidad cualquier ganancia térmica. Los Low-E bloquean parte del infrarrojo, pero no emiten activamente el calor ya atrapado dentro del coche, así que funcionan como barrera pero no como disipador.
El STRC ataca el problema por los dos flancos. En pruebas reales, los datos documentados en el paper muestran una reducción de hasta 6,1 °C en la temperatura interior del coche y una caída superior al 20% en el consumo del aire acondicionado para llegar al confort. Es una ganancia que se nota en cualquier vehículo, pero resulta especialmente relevante para los eléctricos, donde cada vatio que el climatizador deja de pedir a la batería se traduce directamente en kilómetros extra de autonomía.
25 millones de toneladas de CO₂ si lo monta toda una flota
El cálculo que hacen los autores saca el hallazgo del parking y lo pone a escala de país. Si el recubrimiento se generalizara en la flota de Estados Unidos, el ahorro acumulado evitaría hasta 25,4 millones de toneladas de CO₂ al año, una cifra equivalente a las emisiones anuales de varios millones de vehículos pequeños y que encaja en las estrategias de descarbonización del transporte que tanto Europa como Estados Unidos están obligadas a cumplir antes de 2035.
La viabilidad industrial es el siguiente escollo. La colaboración con Hyundai apunta a una vía de integración en los vidrios de fábrica en lugar de depender de láminas aplicadas después de la venta, y el laboratorio del MIT aporta experiencia en escalado de materiales avanzados. El paper describe el STRC como “escalable” en el propio nombre, aunque aún no figura un calendario concreto de producción ni una marca de vehículo comercializado con esta tecnología.
El precedente más cercano lo puso el propio grupo coreano con membranas radiativas opacas para tejados, una línea que en el último año ha dado pie a materiales ya probados en edificios y que ahora salta al vidrio del coche. El margen de mejora que abre este invento va directo al bolsillo del conductor en combustible gastado y, sobre todo, a la autonomía de los coches eléctricos, donde el aire acondicionado es uno de los consumidores que más recorta los kilómetros anunciados en ficha técnica.













