Cuando la cámara LROC volvió a fotografiar en 2025 una llanura lunar que ya tenía catalogada en 2023, el equipo se encontró un agujero perfectamente fresco donde antes solo había regolito. La comparación de imágenes acotó el suceso a algún momento de la primavera de 2024, ningún sismómetro de la red Apolo seguía operativo y ningún telescopio terrestre captó el destello del impacto. La huella, presentada esta semana en la 57ª Lunar and Planetary Science Conference, mide 225 metros de diámetro y eleva el listón del mayor cráter detectado durante los 17 años de operación del Lunar Reconnaissance Orbiter hasta multiplicar por más de tres el récord anterior.
La cifra que rompe la rutina del LROC
El catálogo previo de la cámara LROC tenía como mayor evento documentado un cráter de unos 70 metros. La nueva marca lo supera con creces y se sitúa en una franja que los modelos de bombardeo lunar reservan para sucesos verdaderamente raros. Los cálculos manejados por el equipo del orbitador estiman que un impacto capaz de generar un cráter de este tamaño debería repetirse aproximadamente una vez cada 139 años en una misma zona del satélite, lo que explica que en casi dos décadas de cartografiado fino la misión no hubiera registrado nada parecido.
La estructura presenta una forma de embudo y unos 43 metros de profundidad medios, con paredes tan inclinadas que ningún astronauta podría mantenerse en pie sobre ellas sin medios mecánicos de sujeción. Alrededor del borde quedaron repartidos fragmentos rocosos arrancados por la onda expansiva, los más voluminosos del orden de varios metros. La distribución del material expulsado dibuja un patrón asimétrico hacia el norte que permite reconstruir la geometría del choque.
Lo que el patrón de eyecta cuenta sobre el impactor
El análisis del manto de eyecta es la parte que los autores del trabajo consideran más valiosa para la modelización de impactos en cuerpos sin atmósfera. Las simulaciones cruzadas con la huella real apuntan a un objeto que llegó desde el sur-suroeste con un ángulo bajo, suficiente para proyectar el grueso de los restos hacia el norte en un abanico característico. Pequeñas perturbaciones del regolito identificadas a unos 120 kilómetros del epicentro corresponden a cráteres secundarios formados por fragmentos que volvieron a caer tras describir trayectorias balísticas dentro del campo gravitatorio lunar.
Dentro de la propia cubeta los investigadores han identificado parches de material oscuro distribuidos sobre el lecho. Esos parches son compatibles con roca fundida y solidificada de forma instantáneapor la temperatura liberada en la colisión, un fenómeno equivalente a las impactitas que se documentan en cráteres terrestres como el de Manicouagan en Canadá o el de Vredefort en Sudáfrica, aunque a escala mucho menor.
Por qué el hallazgo cambia la calibración del bombardeo lunar
La rareza estadística del evento, sumada a la disponibilidad de imágenes de alta resolución antes y después, ofrece a los modelos de cráteres una pareja de calibración que los teóricos llevaban años buscando. Hasta ahora, los catálogos de impactos recientes en la Luna y en otros cuerpos del sistema solar se construían a partir de inferencias basadas en cráteres antiguos, donde la erosión por micrometeoritos había suavizado los bordes y borrado el manto de eyecta original. La nueva cicatriz proporciona el equivalente lunar a un experimento natural irrepetible.
Para la futura presencia humana en la superficie del satélite, el dato tiene una segunda lectura más práctica. El programa Artemis maneja tablas de probabilidad de impacto al evaluar el riesgo de las bases lunares planificadas en el polo sur, y los nuevos cálculos permiten ajustar esas tablas con un caso real bien medido. La NASA ha confirmado la prórroga del LRO al menos hasta 2028, lo que mantendrá operativa la única plataforma capaz de detectar este tipo de eventos por el método antes-y-después, con las imágenes accesibles en el archivo público de LROC operado por la Universidad Estatal de Arizona.
El cráter ha sido catalogado provisionalmente con la coordenada del bloque en el que apareció y se sumará al inventario que el equipo del LROC actualiza cada año. La pareja de imágenes antes y después, distribuidas con resolución métrica, está disponible para los investigadores del Lunar and Planetary Institute que firman el resto de catálogos abiertos sobre formación de cráteres recientes.







