La nube se la quedó Estados Unidos, los semiconductores los fabrica Asia, los grandes modelos de inteligencia artificial los entrenan compañías de Silicon Valley con presupuestos militares y, por la vía rápida, China. Francia ha decidido que la computación cuántica es la única revolución digital pendiente en la que Europa todavía no ha llegado tarde y ha puesto 500 millones de euros en la primera fase de un programa diseñado para no repetir los errores de las anteriores.
La iniciativa se llama Proqcima y desde 2024 reparte el dinero entre cinco proyectos que compiten en paralelo, cada uno con una arquitectura de qubits diferente, según ha publicado The Next Web en el reportaje en el que se basa este análisis.
Cinco arquitecturas distintas, una sola estrategia industrial
La diferencia con el modelo estadounidense, donde la mayor parte de la inversión privada se ha concentrado en los circuitos superconductores que IBM y Google llevan una década perfeccionando, es deliberada. Proqcima financia simultáneamente proyectos basados en átomos neutros, fotónica, silicio, nanotubos de carbono y los cat qubits inspirados en el experimento del gato de Schrödinger.
El argumento de fondo es que ninguna de las arquitecturas conocidas ha demostrado todavía ser la dominante a escala industrial, y que dispersar la apuesta entre cinco vías paralelas reduce el riesgo de quedar bloqueado en un callejón técnico equivocado.
La empresa más visible del programa es Alice & Bob, con sede en París. Su tecnología trabaja con cat qubits y promete un atajo respecto al mayor problema de toda la computación cuántica, los errores derivados de la fragilidad de los estados superpuestos. La propuesta consiste en introducir la corrección de errores directamente en el hardware en lugar de añadir capas masivas de redundancia por software, lo que en teoría reduce el número de qubits físicos necesarios para construir un qubit lógico fiable.
Más información del fabricante en alice-bob.com. Pasqal trabaja con átomos neutros y ya tiene sistemas operativos en infraestructuras europeas de alto rendimiento. Quandela apuesta por la fotónica e integra sus servicios con plataformas de cloud soberano. Quobly ha apostado por el silicio y ha conseguido fabricar sus chips en plantas industriales convencionales. El quinto socio cierra el grupo con la apuesta menos madura, los nanotubos de carbono, asignados a un consorcio académico-industrial.
La cita que resume la diferencia con Estados Unidos
«No se trata de ser más rápido, sino de ser tan radicalmente más rápido que cambie lo que es posible», ha resumido Théau Peronnin, consejero delegado de Alice & Bob, en declaraciones recogidas por The Next Web en abril de 2026. La frase apunta a la singularidad de esta carrera frente a las anteriores. La computación cuántica no compite con la computación clásica en velocidad incremental, sino que abre clases de problemas hasta ahora inabordables, y por tanto la posición de salida del gigante tecnológico ya consolidado no actúa como ventaja heredada.
El consultor Olivier Ezratty, autor del informe anual Understanding Quantum Technologies y una de las voces más citadas del ecosistema cuántico europeo, añade un argumento económico que el programa francés interpreta como ventaja.
Las soluciones desarrolladas por Alice & Bob, Pasqal o Quobly presentan costes de máquina y consumo energético significativamente menores que los grandes equipos superconductores estadounidenses, en buena medida porque algunas de las arquitecturas elegidas funcionan a temperaturas más manejables o eliminan la necesidad de la refrigeración criogénica extrema que dispara el coste operativo de los sistemas de IBM y Google.
Lo que la cuántica todavía no puede hacer y lo que España juega en este tablero
El propio programa Proqcima reconoce que la tecnología sigue en una fase incipiente. Los sistemas operativos actuales no superan en términos de capacidad útil a un teléfono móvil de gama media, y ningún equipo cuántico ha resuelto todavía un problema de relevancia industrial inalcanzable para un superordenador clásico.
La promesa, sin embargo, está lo bastante perfilada como para que las grandes farmacéuticas, los fabricantes de baterías y las consultoras logísticas estén firmando los primeros contratos de acceso a hora cuántica para tener equipos formados cuando la tecnología cruce el umbral de utilidad real. Las aplicaciones que cita el sector son el diseño de fármacos, la simulación de nuevos materiales y la optimización logística a gran escala. El programa francés se enmarca dentro del plan France 2030.
España participa en este tablero con un peso menor pero no marginal. El Barcelona Supercomputing Center opera desde 2024 el MareNostrum 5, que ya integra un módulo cuántico experimental, y participa en consorcios europeos junto a Alemania y Francia para definir estándares comunes de interoperabilidad. La estrategia nacional cuántica aprobada por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades contempla 800 millones de euros entre 2024 y 2030, parte de los cuales se canalizan a través de la Agencia Estatal de Investigación y del propio BSC.
La distancia entre el modelo francés y el español sigue siendo notable. Proqcima reparte el dinero en una estructura competitiva entre empresas privadas que asume el fracaso de varias como condición del éxito.
La estrategia española da más peso a los centros públicos de investigación y a la coordinación con la EuroHPC Joint Undertaking, el consorcio europeo que prepara la integración de los primeros computadores cuánticos en los grandes supercomputadores convencionales del continente. La fase final de Proqcima se evaluará a lo largo de los próximos tres años con hitos técnicos verificables a la salida.







