El 2 World Trade Center es uno de los proyectos urbanos más cargados de simbolismo del siglo XXI. La torre que ocupará la manzana delimitada por las calles Vesey, Fulton, Church y Greenwich, en el Bajo Manhattan, ha vivido paralizada en distintas fases de proyecto durante casi dos décadas.
La obra ha arrancado esta semana sobre el solar exacto donde se levantó el antiguo 5 World Trade Center, demolido tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Analicemos cómo será el edificio, por qué se ha desbloqueado ahora y qué papel juega American Express como inquilino principal y dueño futuro del inmueble.
El nuevo rascacielos, diseñado por Foster + Partners, alcanzará los 373,7 metros y 55 plantas, con una superficie útil interior de 181.160 metros cuadrados repartida en plantas flexibles. Su entrega está prevista para 2031.
Según la información publicada por el portal inmobiliario New York YIMBY y el reportaje del New York Post, la financiación se cerrará sin un solo dólar de dinero público, una excepción en el ecosistema de macroproyectos del Bajo Manhattan, donde la mayor parte de la reconstrucción posterior al 11-S se apoyó en fondos federales y estatales.
Las cifras de un edificio en la diana de Manhattan
La construcción equivale a una inyección agregada de 5.900 millones de dólares en la economía local de Nueva York y de 6.300 millones en el conjunto del estado, según las estimaciones del promotor. Los trabajos generarán más de 3.200 empleos directos e indirectos durante toda la fase de obra.
La pieza arquitectónica final fusiona los bloques apilados que el estudio Bjarke Ingels Group propuso en 2015 con la corona escalonada del concepto original de Foster + Partners. El edificio prescinde de la aguja superior que aparecía en las maquetas de 2025 y queda con techo plano, una decisión que reduce el coste estructural y limita la silueta para no proyectar sombra sobre el parque conmemorativo durante el aniversario del atentado.
El interior está pensado para 10.000 empleados de American Express trabajando en plantas configurables, columnas perimetrales revestidas con paneles metálicos y los niveles de maquinaria ocultos tras pantallas de metal ranurado.
La fachada, de cristal continuo de suelo a techo en planta baja, mantiene la línea visual acristalada de las torres 3 y 4. El edificio colindará con el Oculus, la estación del World Trade Center Transportation Hub diseñada por el arquitecto español Santiago Calatrava, un detalle relevante para la huella de la arquitectura española dentro del complejo.
Catorce años de obra paralizada por falta de inquilino
El proyecto encadena una de las cronologías más complicadas de Manhattan. El promotor Larry Silversteinalquiló el World Trade Center a la Autoridad Portuaria en julio de 2001, dos meses antes de los atentados, y siguió pagando el arrendamiento después del derribo, una vez cobrados los 4.500 millones de dólares del seguro de las torres.
En 2006, Silverstein fichó a Norman Foster, autor del estudio londinense Foster + Partners, para concebir un rascacielos de 382 metros coronado por cuatro diamantes. La excavación arrancó en 2008 y los cimientos a nivel de calle se terminaron en 2013, pero la falta de inquilinos paralizó la obra en agosto de 2012.
Durante 14 años, la parcela quedó atrapada bajo cobertizos de chapa cubiertos de grafiti. En mayo de 2015, el estudio danés Bjarke Ingels Group intentó reactivar el proyecto con un diseño radical para 21st Century Fox y News Corp, una propuesta de bloques apilados con voladizo frontal que parecía inclinarse hacia la One World Trade Center.
Las productoras se retiraron en 2016 y Deutsche Bank, que coqueteó con la idea en 2017, terminó instalándose en el Time Warner Center. Tras un baile de propuestas que oscilaron entre 60 y 80 plantas, Silverstein y Foster volvieron al diseño original en enero de 2020. La pandemia y la crisis de oficinas que vino después congelaron la conversación durante otros dos años.
La llave que faltaba se llama American Express
La financiación llegó por la vía privada. American Express asumió el contrato de arrendamiento del suelo a Silverstein con opciones de compra y de renovación que extienden el pacto a 99 años. La compañía será dueña y operadora del edificio, lo que en el calendario inmobiliario de Manhattan equivale a un compromiso de balance superior a tres décadas.
El movimiento desencadena un reajuste en cadena en el complejo. Moody’s abandonará el 7 World Trade Center y se mudará a las antiguas oficinas que American Express ocupa desde 1986 en 200 Vesey Street, lo que liberará metros cuadrados en el edificio del propio Silverstein.
A nivel técnico, la torre operará al cien por cien con sistemas eléctricos y energéticamente eficientes, con aspiración a la certificación medioambiental LEED. Una de sus señas más visibles serán las seis logias escalonadas, recortes a modo de terrazas incrustadas en la fachada que sumarán más de 4.046 metros cuadrados de vegetación y espacio exterior.
La comparación con la Torre Sur original es directa. Aquel rascacielos, terminado en 1973, tenía 110 plantas, 415 metros de azotea y 95 ascensores que servían a 353.000 metros cuadrados de oficinas.
El nuevo 2 World Trade Center prescinde de la masificación vertical hermética y apuesta por luz natural, terrazas vegetales y suministro eléctrico, una decisión que sintetiza el cambio que ha vivido la promoción inmobiliaria de oficinas en Nueva York durante el último cuarto de siglo. La fecha confirmada de finalización, según el contrato firmado entre American Express y Silverstein, es 2031.












