Un prototipo de motor eléctrico de plasma desarrollado por Rosatom ha reactivado el debate sobre los viajes rápidos a Marte tras el anuncio oficial de la corporación rusa, que sostiene que esta tecnología podría recortar el trayecto a entre 30 y 60 días. El proyecto fue presentado el 7 de febrero de 2025 como un demostrador de laboratorio basado en un acelerador magnético de plasma, con un empuje mínimo de 6 newtons y un impulso específico de al menos 100 kilómetros por segundo. Sin embargo, la tecnología aún no ha pasado de la fase experimental, por lo que su aplicación real en misiones tripuladas sigue siendo una perspectiva de largo plazo.
La relevancia del anuncio se entiende por un problema muy concreto. Reducir el tiempo de tránsito sigue siendo una pieza clave para cualquier misión humana a Marte, sobre todo por la exposición continuada a radiación cósmica y por las limitaciones de masa asociadas al blindaje. La propia NASA utiliza desde hace años arquitecturas de referencia con 180 días de viaje de ida, 500 días de estancia y otros 180 días de regreso, una escala temporal que sitúa la radiación entre los principales riesgos biomédicos del trayecto.
Un prototipo con cifras prometedoras, pero todavía preliminares
El anuncio de Rosatom describe un motor que trabaja en modo pulsado con una potencia media de hasta 300 kilovatios y que, según la empresa, permitiría reducir de forma drástica el combustible necesario frente a la propulsión química. Alexey Voronov, primer subdirector general de Ciencia del instituto de investigación de Rosatom en Troitsk, resumió así el alcance del proyecto: “los motores de plasma podrían reducir la duración de los vuelos a solo 30 a 60 días”, una mejora que, en teoría, haría más viables las misiones de ida y vuelta al planeta rojo.
La cautela, no obstante, resulta obligada. No se ha presentado un vehículo completo ni una misión validada, sino un prototipo de laboratorio que todavía debe probarse en una gran instalación de vacío que Rosatom está construyendo en Troitsk. Además, la propia cobertura técnica del anuncio sitúa el siguiente hito en torno a 2030, fecha en la que la corporación aspira a disponer de un modelo de vuelo del sistema.
La carrera real por la propulsión rápida
La idea no resulta ajena a la exploración espacial. El Jet Propulsion Laboratory de la NASA señala que la propulsión eléctrica avanzada es esencial para reducir costes y tiempos de misión en sondas y naves robóticas, y la considera una vía necesaria para futuras capacidades de transporte en el espacio profundo. Sin embargo, ese marco no equivale todavía a disponer de motores aptos para acortar de forma segura un viaje tripulado a Marte.
El principal límite sigue siendo físico e ingenieril. La NASA advierte de que, con la arquitectura actual, reducir de manera significativa la exposición a rayos cósmicos galácticos mediante blindaje y tránsitos más rápidos resulta prohibitivo en masa, por lo que harían falta avances disruptivos tanto en propulsión como en protección biológica. En este sentido, el anuncio ruso sugiere una dirección tecnológica plausible, aunque todavía no demuestra que el problema esté resuelto.
El motor de plasma presentado por Rosatom se sitúa así en un terreno intermedio: no es ciencia ficción, pero tampoco una solución lista para despegar. El valor real del proyecto dependerá de si ese prototipo logra abandonar el laboratorio y demostrar, en condiciones espaciales, que puede sostener el rendimiento, la estabilidad y la seguridad que exige un viaje humano al planeta rojo.









