Siembran pilas usadas y la prueba acaba convirtiéndose en uno de los mayores logros de la humanidad

Publicado el: 1 de mayo de 2026 a las 10:08
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Investigadores de Viena reciclan baterías agotadas y papel de aluminio en un nanocatalizador que convierte el CO₂ del aire en metano

Cualquier laboratorio europeo de catálisis arranca un experimento con dos materiales caros y certificados, óxido de aluminio puro y níquel de grado industrial. Los investigadores Christoph Rameshan y Hendrik Drisko, del Instituto de Química de Materiales de la TU Wien, han hecho exactamente lo contrario. Han puesto sobre la mesa un puñado de pilas recargables de níquel-hidruro metálico ya muertas y un rollo de papel de aluminio gastado, y han salido del laboratorio con un nanocatalizador capaz de capturar dióxido de carbono del aire y convertirlo en metano útil como combustible.

El resultado se ha publicado en marzo de 2025 en Green Chemistry bajo el título «Upcycling Hazardous Waste into High-Performance Ni/η-Al₂O₃ Catalysts for CO₂ Methanation».

El residuo que una industria deshecha como entrada de la siguiente

Las pilas de níquel-hidruro metálico equipan desde los noventa cámaras digitales, herramientas eléctricas, taladros, juguetes y, en buena parte de los modelos híbridos de Toyota, las baterías de tracción que sustituyeron a las de plomo-ácido.

Su volumen de descarte ronda en Europa las decenas de miles de toneladas anuales, y la mayor parte termina en circuitos de reciclaje pirometalúrgico que recuperan parte del níquel a costa de quemar buena parte del valor original. El equipo vienés ha probado una vía hidrometalúrgica suave que disuelve el contenido metálico de las pilas con ácidos diluidos en condiciones ambientales y luego cristaliza el níquel en una matriz fina.

La segunda materia prima es todavía más cotidiana. El aluminio del papel de cocina, sometido a un tratamiento de oxidación controlada, se convierte en óxido de aluminio gamma, la fase cristalina más activa para el soporte de catalizadores en la industria petroquímica. Mezclados en proporción 92-96% de óxido de aluminio y 4-8% de níquel, los dos polvos forman un nanocatalizador que el grupo describe como equivalente en eficiencia a las versiones comerciales fabricadas con materiales primarios.

Un proceso que funciona a la temperatura de un horno doméstico

La tercera novedad es la suavidad de las condiciones. Las plantas industriales que producen metano sintético suelen trabajar a varios cientos de grados y a presiones de decenas de atmósferas, lo que encarece la electricidad necesaria para sostener la reacción y reduce la viabilidad económica frente al gas natural fósil.

El catalizador de la TU Wien funciona a 250 grados centígrados y a presión atmosférica normal, una franja en la que el aporte energético es asumible para una unidad alimentada por electricidad renovable de excedente. «Trabaja sin condiciones extremas y mantiene la actividad sin señales de desactivación», ha resumido Rameshan en la nota de prensa institucional.

La reacción combina CO₂ capturado del aire con hidrógeno verde, idealmente producido por electrólisis a partir de electricidad renovable, y rinde metano que puede inyectarse directamente en la red de gas existente. El nicho concreto es el almacenamiento estacional.

Las redes europeas tienen exceso de electricidad renovable en verano y déficit de gas en invierno, y un catalizador barato que cierre esa brecha sin construir una refinería convierte la asimetría en oportunidad. El equipo aporta además una vuelta de tuerca. Cuando el catalizador agota su vida útil, los componentes se separan químicamente en sus formas originales y vuelven a entrar en el ciclo de fabricación de nuevos catalizadores, sin generar residuo terminal.

Lo que la patente todavía no resuelve

El propio paper documenta los límites. La eficiencia de conversión publicada se mide en condiciones de laboratorio sobre muestras de pocos gramos y con flujos de CO₂ purificado. La transición a una planta piloto que aspire CO₂ atmosférico real, con sus concentraciones del 0,04%, exige un sistema de captura previo que no se ha integrado todavía en el experimento. El segundo desafío es la oferta de hidrógeno verde a precios compatibles con la inyección en red, una variable que depende menos del catalizador y más de la curva de aprendizaje de los electrolizadores europeos.

El grupo de la TU Wien encaja en la línea de financiación europea Horizon Europe sobre captura, uso y almacenamiento de carbono, y ha recibido apoyo del Fondo Austriaco para la Ciencia para el escalado del proceso. La hoja de ruta declarada en el paper apunta a una unidad de demostración de varios kilos de catalizador en colaboración con un socio industrial austríaco, todavía sin fecha pública confirmada.

El siguiente paso técnico es la integración del nanocatalizador con un sistema de captura directa de CO₂ atmosférico a la concentración real del aire (0,04%), un acoplamiento que el paper cita como cuello de botella pendiente y que ningún grupo europeo ha resuelto todavía a escala industrial.

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y tecnología publicitaria. Ha dirigido proyectos en análisis de datos, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. También colabora en iniciativas científicas relacionadas con la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de comunicación científicos, tecnológicos y medioambientales, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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