Malta ha puesto en marcha uno de los experimentos de movilidad más llamativos de Europa, que es pagar hasta 25.000 euros a jóvenes conductores que renuncien a su carnet durante cinco años. El programa, gestionado por Transport Malta desde enero de 2026, está dirigido a residentes de hasta 30 años con permiso B en vigor desde hace al menos doce meses y con un mínimo de siete años de residencia en el país. La autoridad explica que el objetivo es reducir tanto el número de licencias activas como el de vehículos en las carreteras maltesas.
La ayuda se abona en cinco pagos anuales de 5.000 euros, exige entregar todas las categorías del permiso y prohíbe conducir cualquier vehículo tanto en Malta como en el extranjero durante ese periodo. Quien quiera recuperar la licencia al cabo de cinco años deberá volver a solicitarla y completar 15 horas de formación en una autoescuela autorizada. Además, el esquema excluye a quienes necesiten el carnet para trabajar, a titulares de permisos no comunitarios y a personas con licencias suspendidas o revocadas.
Un plan ambicioso frente a una isla saturada de coches
La medida llega en un contexto de densidad motorizada extraordinariamente alta. La Oficina Nacional de Estadística de Malta situó el parque de vehículos con licencia en 457.403 unidades al cierre de diciembre de 2025. Solo en el cuarto trimestre se matricularon 6.124 vehículos, lo que equivale a una media de 67 al día, mientras el stock total creció a un ritmo neto de 35 diarios. En una población que cerró 2024 en 574.250 habitantes, la presión del automóvil se ha convertido en un problema estructural para una isla pequeña y densamente urbanizada.
El ministro de Transporte, Chris Bonett, defendió el plan al presentar sus detalles en diciembre. “We are offering a strong incentive to those who want to change the way they travel”, señaló, al enmarcar la iniciativa como un intento de cambiar la cultura de movilidad entre los jóvenes. Sin embargo, Malta ya ofrece transporte público gratuito a ciudadanos y residentes con tarjeta personalizada desde octubre de 2022, de modo que el verdadero gancho del programa es el dinero, no el autobús gratis.
Las primeras solicitudes han abierto el debate
Las primeras semanas no han cerrado la discusión, sino que la han intensificado. Medios locales informaron en marzo de 2026 de que más de 100 jóvenes ya habían solicitado o aceptado el plan, y de que el ministro admitió en sede parlamentaria que las solicitudes superaban el 50% de los fondos asignados. Al mismo tiempo, varios testimonios recogidos por la prensa maltesa apuntan a que parte de los beneficiarios apenas utilizaba el coche, lo que cuestiona la capacidad real del esquema para vaciar las carreteras.
Ahí aparece el dato que convierte la polémica en un problema de escala. Si el presupuesto total de 5 millones solo permitiera llegar a 200 participantes, el máximo teórico equivaldría a apenas el 0,044% del parque móvil actual. Incluso bajo la hipótesis optimista de que cada licencia retirada implicara un coche menos en circulación, ese efecto numérico se compensaría con algo menos de seis días del crecimiento neto observado a finales de 2025. De este modo, el programa maltés resulta relevante como laboratorio político y cultural, pero todavía no ha demostrado que pueda mover la aguja del tráfico en términos sistémicos.







