Los ingenieros militares ucranianos que recogieron los restos de varios KN-23 caídos en la región de Járkov han detallado que el misil, rebautizado por Moscú como Kimskander, conserva en su propulsor una envolvente de grafito del tipo que se usaba en los programas balísticos de la Guerra Fría y que la mayoría de arsenales modernos sustituyó hace décadas por compuestos cerámicos o metalúrgicos.
La Dirección Principal de Inteligencia del Ministerio de Defensa de Ucrania (GUR) ha hecho pública la investigación tras inspeccionar fragmentos recuperados sobre el terreno, en un ejercicio de ingeniería inversa que revela cómo Corea del Norte mantiene en producción soluciones técnicas retiradas del mercado hace medio siglo.
El elemento más llamativo del informe es el diámetro de 110 centímetros de la etapa propulsora del KN-23. Ningún otro misil balístico de corto alcance en servicio actualmente utiliza esa medida, que obliga a Corea del Norte a mantener líneas de fabricación específicas sin posibilidad de importar tubos, motores o toberas del mercado global.
El motor de combustible sólido es también 1,5 veces mayor que el del Iskander-M ruso, el misil al que el KN-23 imita exteriormente y con el que se confunde en los reportes operativos. Esa disparidad de tamaño indica que la mecánica interna, lejos de ser una copia, parte de un diseño propio cuya eficiencia energética es inferior a la de los sistemas de referencia.
La envolvente de grafito mantiene la estructura en vuelo pero degrada la relación empuje-peso respecto a los materiales actuales, lo que encaja con el perfil de un arsenal concebido con documentación técnica de los años setenta.
“Todo este proyecto demuestra que Corea del Norte ha conseguido industrializar una tecnología obsoleta sobre la que Rusia está aplicando su propio conocimiento de guidance y aviónica moderna”, señalaron fuentes de la GUR recogidas por Militarnyi, medio ucraniano especializado en defensa. El resultado es un misil híbrido con fuselaje de generación anterior y sensores actualizados, lo que explica la disparidad entre su precisión observada en los primeros lanzamientos de 2023 y la mejora registrada en los impactos de 2024.
Componentes civiles de cinco países occidentales
El segundo bloque del análisis se centra en la electrónica de guiado. Los técnicos ucranianos han identificado en los sistemas de navegación del KN-24 chips y microcontroladores comerciales fabricados en Estados Unidos, Suiza, Alemania, Japón y Países Bajos, piezas de uso civil que llegaron a la línea de ensamblaje norcoreana a pesar del régimen de sanciones vigente desde 2006.
Los componentes no son de grado militar, por lo que su integración obliga a protecciones adicionales contra interferencias y limita la vida útil del misil, pero resulta mucho más barato que desarrollar equivalentes propios.
El hallazgo se suma al patrón ya documentado en los drones Shahed iraníes, donde la dependencia de electrónica civil occidental es el eslabón débil que las agencias de exportación europeas intentan cerrar.
Las muestras analizadas proceden de misiles lanzados por el Ejército ruso durante los bombardeos sobre ciudades ucranianas desde finales de 2023. Corea del Norte ha entregado a Moscú aproximadamente 148 misiles balísticos desde el inicio del suministro, cifra que incluye unos 60 lanzamientos de KN-23 confirmados solo en 2024, según los recuentos cruzados por Ukrainska Pravda y Business Insider.
Los misiles norcoreanos representaron aproximadamente un tercio de todos los misiles balísticos empleados contra Ucrania durante ese año, un porcentaje que convierte a Pionyang en el mayor proveedor externo del arsenal ruso de corto alcance.
Qué revela el análisis para Europa
El informe tiene lectura directa para los gobiernos europeos que estudian modernizar su defensa antimisiles. El hecho de que un arsenal con tecnología de hace medio siglo esté atravesando las defensas ucranianas con resultados comparables a los sistemas rusos de generación moderna indica que la brecha entre munición antigua y reciente se ha estrechado gracias a la incorporación selectiva de chips civiles.
Las administraciones española y europea, que han destinado partidas plurianuales a sistemas como el Patriot PAC-3 y el IRIS-T SLM para cubrir el hueco antiaéreo, se encuentran con el mismo problema de saturación que detectaron las fuerzas ucranianas al principio del conflicto, solo que ahora aplicado a balística y no a drones.
La conclusión operativa de la GUR apunta a un ciclo en el que el coste por intercepción (decenas de millones de euros por disparo de Patriot) sigue siendo muy superior al coste por misil atacante, incluso cuando el atacante es un producto industrial retirado del catálogo occidental en los años setenta.













