Japón quiere construir un anillo de paneles solares alrededor de la Luna que genere electricidad las 24 horas sin nubes ni noche

Por: Indux
Publicado el: 16 de abril de 2026 a las 06:10
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Japón quiere construir un anillo de paneles solares alrededor de la Luna que genere electricidad las 24 horas sin nubes ni noche

La constructora japonesa Shimizu Corporation lleva más de una década promoviendo uno de los conceptos más ambiciosos en el ámbito de la energía espacial: un anillo continuo de células solares que recorrería los 11.000 kilómetros del ecuador de la Luna, con una anchura variable de entre unos pocos kilómetros y 400 km en su punto más amplio. El proyecto, denominado Luna Ring, plantea captar la radiación solar en la superficie lunar y transmitirla a la Tierra mediante microondas y láser. La idea nació tras el desastre nuclear de Fukushima en 2011, cuando Japón buscaba alternativas energéticas al átomo.

La Luna carece de atmósfera, nubes o precipitaciones. Estas condiciones permiten que la radiación solar llegue a la superficie sin filtrar, con una intensidad considerablemente mayor que la registrada en cualquier punto terrestre. El mecanismo aprovecha, no obstante, un matiz que muchas coberturas simplifican en exceso: la Luna sí tiene ciclos de día y noche, cada uno de unos 14 días terrestres. La solución de Shimizu pasa por extender el cinturón a lo largo de todo el ecuador, de modo que siempre exista una franja iluminada, y transportar la electricidad mediante cables subterráneos hasta la cara visible desde la Tierra.

Transmisión inalámbrica a 384.000 kilómetros

El sistema de envío de energía constituye el núcleo técnico del proyecto. Según la documentación oficial de Shimizu, la electricidad generada viajaría por cable hasta bases de transmisión situadas en el hemisferio lunar orientado hacia la Tierra. Desde allí, antenas de microondas de 20 km de diámetro y estaciones láser de alta densidad energética enviarían haces dirigidos hacia receptores terrestres. Los primeros, conocidos como rectennas (del inglés rectifying antenna), convertirían las microondas en corriente continua. La eficiencia es el dato que suele quedar fuera del relato.

Un análisis técnico del propio proyecto, recogido por medios especializados, estima que la ruta por microondas ofrece un rendimiento del 5,82%, mientras que la de láser se queda en el 2,20%. Eso significa que, para entregar una cantidad significativa de energía a la red eléctrica terrestre, la captación inicial en la Luna debería ser enorme. Las cifras no son menores. Algunas fuentes atribuyen al sistema una capacidad bruta de hasta 13.000 teravatios, pero esa magnitud se refiere a la entrada en los paneles, no a lo que llegaría a los hogares.

Construir con lo que ofrece la Luna

Shimizu propone fabricar buena parte de los materiales sobre el propio suelo lunar para reducir la dependencia de lanzamientos desde la Tierra. La arena lunar (regolito) es un compuesto de óxidos del que, según la compañía, podrían obtenerse cerámica, hormigón, fibra de vidrio e incluso las propias células solares. Solo sería necesario transportar hidrógeno desde la Tierra para producir agua y oxígeno a partir de esos óxidos.

La construcción recaería en robots teledirigidos desde la Tierra, operando las 24 horas. La presencia humana se limitaría a pequeños equipos de apoyo. El plan original contemplaba un desarrollo en fases a lo largo de 30 años, con inicio de obra previsto para 2035, según declaraciones de Shimizu en 2013.

Sin financiación, sin respaldo institucional

Pese a la magnitud del diseño, el Luna Ring sigue siendo un ejercicio conceptual. Desde su presentación, el proyecto no ha obtenido financiación ni cuenta con el respaldo formal de agencias como JAXA o la NASA. No existe calendario de desarrollo actualizado ni socios institucionales confirmados. Tetsuji Yoshida, presidente de CSP Japan (la división de consultoría espacial de Shimizu), ha sostenido que el avance tecnológico y el crecimiento de la industria espacial podrían acercar la propuesta a la viabilidad, pero no ha ofrecido plazos concretos.

El contexto internacional tampoco facilita las cosas. La NASA publicó en enero de 2024 una evaluación exhaustiva sobre energía solar espacial que concluyó que los diseños actuales de este tipo de sistemas resultan entre 12 y 80 veces más caros que las alternativas renovables terrestres. Para un sistema de 2 GW operativo en 2050, la agencia estimó costes de entre 276.000 y 434.000 millones de dólares, con el transporte a órbita absorbiendo más del 70% del presupuesto. Los defensores del concepto cuestionaron las hipótesis empleadas, y la propia NASA reconoció que con mejoras en costes de lanzamiento y vida útil del hardware las cifras podrían equipararse a las de la energía solar terrestre.

Mientras tanto, otros actores avanzan en demostraciones a menor escala. El Instituto de Tecnología de California completó en 2024 una misión de un año que probó con éxito la transmisión inalámbrica de energía desde el espacio. China planea lanzar una planta piloto orbital de 10 MW para 2035, y la Agencia Espacial Europea financia el programa SOLARIS para estudiar la viabilidad del concepto. Japón, por su parte, prepara un ensayo de transmisión de 1 kW.

El Luna Ring de Shimizu representa la versión más extrema de esa familia de proyectos. Su viabilidad depende de reducciones drásticas en el coste de acceso al espacio, avances en robótica autónoma y un marco regulatorio internacional que hoy apenas existe para la transmisión de energía desde fuera de la atmósfera. Queda por resolver, entre otras cuestiones, qué organismo supervisaría el envío de haces de microondas desde la Luna hacia estaciones receptoras distribuidas por varios continentes.

Indux

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