El fondo canadiense Brookfield respalda en Valdemoro un desarrollo logístico de gran escala que ha reactivado el debate urbanístico en el sur de Madrid. El plan, vinculado al ámbito I-4 Ermita de Santiago, reserva 608.000 metros cuadrados para uso logístico dentro de una superficie total de 1,36 millones y contempla 22 naves, un silo, restauración y una electrogasolinera.
La dimensión del proyecto explica por qué la discusión ya no gira solo en torno a la inversión, sino también al encaje ambiental e hidráulico de una operación que transformará la periferia del municipio. Valdemoro, con unos 86.000 habitantes, lleva años arrastrando un debate sobre sus infraestructuras de saneamiento, y el nuevo complejo ha vuelto a colocar ese problema en el centro. La clave ya no es solo construir, sino garantizar cómo se evacúa y depura el agua.
La controversia ha sido activada por la Asociación por el Desarrollo Sostenible de Valdemoro, que ha trasladado sus objeciones al Canal de Isabel II y a la Confederación Hidrográfica del Tajo. Según la denuncia recogida por Infobae, varias parcelas ocuparían parte de la zona de policía del arroyo de Santiago y podrían convertirse en un obstáculo para la escorrentía en episodios intensos de lluvia. El propio diseño del sector prevé además tanques de laminación y una capacidad de 20.000 metros cúbicos para gestionar pluviales antes del vertido al cauce.
El punto crítico: aguas pluviales y residuales
El segundo gran frente afecta a las aguas residuales. Las estimaciones del proyecto sitúan el caudal máximo en 48,18 litros por segundo, una cifra relevante para un municipio que todavía espera la infraestructura definitiva capaz de absorber nuevos desarrollos. La opción de derivar los vertidos a la EDAR de Soto Gutiérrez, en Ciempozuelos, aparece muy condicionada por la capacidad disponible, mientras que la solución estructural pasa por levantar una nueva depuradora en Valdemoro.
Esa infraestructura sigue, sin embargo, en fase de proyecto. El Ayuntamiento de Valdemoro ha confirmado que trabaja junto a la Comunidad de Madrid y el Canal de Isabel II para impulsar la futura EDAR municipal. Hasta que entre en servicio, el planeamiento contempla una depuradora compacta provisional de carácter transitorio, fórmula que el consistorio defiende como puente técnico entre el desarrollo urbanístico y la obra definitiva.
Una operación estratégica bajo escrutinio
La tensión surge precisamente en ese punto intermedio. Los promotores sostienen que el sistema definitivo deberá contar con todos los informes favorables y autorizaciones sectoriales antes de aprobarse el proyecto de urbanización. Los opositores, en cambio, consideran que el calendario urbanístico corre más deprisa que las garantías hidráulicas y que el sector no debería avanzar sin resolver antes el tratamiento estable de sus vertidos.
El caso de Valdemoro resume así un conflicto cada vez más frecuente en la periferia metropolitana: grandes plataformas para la economía logística frente a infraestructuras locales todavía incompletas. En este escenario, el futuro de Logistik Valdemoro I-4 dependerá de algo más que del músculo financiero de Brookfield. La viabilidad real del complejo pasa por demostrar que el agua puede gestionarse sin agravar el riesgo sobre el territorio.









