Los remolinos del océano están enfriando las aguas costeras sudafricanas, y lo que pasa en la corriente de Agulhas podría estar ocurriendo en todo el planeta

Por: Indux
Publicado el: 17 de abril de 2026 a las 09:07
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Remolino oceánico con corrientes de agua turquesa y espuma blanca visto desde el aire

Durante décadas, el relato del cambio climático en el océano se resumía en una idea sencilla: el mar se calienta. Un nuevo estudio publicado esta semana en Nature Climate Change matiza esa foto. La superficie, sí, se calienta a una velocidad tres o cuatro veces mayor que la media oceánica. Pero a unos cientos de metros bajo el agua, en la costa sudeste de Sudáfrica, la historia es justo la contraria.

La investigación, firmada por K. L. Gunn (Universidad de Southampton) y L. M. Beal (Universidad de Miami), analiza dos años de observaciones continuas en la corriente de Agulhas, una de las grandes “autopistas” que reparten calor del ecuador hacia los polos. Las mediciones, tomadas con siete boyas ancladas en el fondo a la latitud 34° S, apuntan a algo que no había quedado tan claro hasta ahora: los remolinos oceánicos (esas estructuras giratorias de decenas o cientos de kilómetros) están enfriando el agua sobre la plataforma continental sudafricana mientras calientan la superficie de la propia corriente.

Qué es exactamente la corriente de Agulhas

La Agulhas baja por el margen este de África con la fuerza de un río gigantesco. Transporta agua cálida y salada del Índico tropical hacia el sur. En la práctica, funciona como una frontera: separa las aguas abiertas del océano de los mares costeros. Y esa frontera no está quieta. A veces la corriente se pega al talud continental (el 90% del tiempo, según el estudio); otras, el 10% restante, se despega y se aleja más de 100 kilómetros mar adentro en forma de meandro.

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Los remolinos del océano están enfriando las aguas costeras sudafricanas, y lo que pasa en la corriente de Agulhas podría estar ocurriendo en todo el planeta 2

Entre una cosa y otra, se forman remolinos. Los más pequeños, de unos 10 kilómetros, aparecen en el borde interior de la corriente. Los más grandes, de 100 kilómetros, viajan con los meandros.

El equipo cuantificó los llamados flujos de Eddy, es decir, cuánto calor y sal mueven estos remolinos hacia la costa o mar adentro. El resultado es llamativo. Al sumar los efectos de dos años, los remolinos empujan agua fría y rica en nutrientes hacia la plataforma, mientras concentran calor y sal en el núcleo de la corriente. En otras palabras, enfrían la costa y calientan el chorro central.

¿Contradictorio? No tanto. Los autores lo explican con una circulación secundaria: en la parte más próxima al continente, los remolinos bombean hacia arriba agua fría de las profundidades; más adentro, esa agua se hunde y estratifica la corriente, lo que hace que la capa superficial se caliente más rápido.

Aquí viene la parte interesante para el resto del mundo. Gunn y Beal sostienen que el mecanismo no es una rareza local. Las corrientes de frontera occidental subtropicales (la de Agulhas, la del Golfo, la de Kuroshio en Japón, la de Australia Oriental y la de Brasil) comparten dinámicas parecidas. Y los remolinos, en todas ellas, están intensificándose con el calentamiento global.

Eso significa que, muy probablemente, hay un afloramiento oculto de aguas frías junto a las costas de todas estas corrientes. Un proceso que los satélites no ven porque queda tapado por agua superficial más caliente, pero que altera la vida marina en profundidad.

Una zona “Ricitos de Oro” para la pesca, o un problema

El trabajo apunta a consecuencias ambivalentes. Más afloramiento puede significar más nutrientes y, con ello, un empuje para los ecosistemas costeros y las pesquerías. De hecho, la proliferación de fitoplancton en costas subtropicales ha aumentado en este siglo.

Pero también hay riesgos. Un episodio de agua especialmente fría en la Agulhas en 2021 provocó la muerte de ejemplares de 81 especies distintas. Y las calamar chokka, clave para la pesca sudafricana, ven reducida su reproducción cuando hay demasiados remolinos.

Los autores hablan de una posible “zona Ricitos de Oro” en la parte exterior de la plataforma, donde el afloramiento podría estimular la vida marina, mientras la plataforma interior, más expuesta al calentamiento superficial, se volvería menos productiva. En la práctica, eso significa que la misma agua puede dar y quitar, dependiendo de dónde se pesque.

Cambiar la forma de medir el océano

Una de las conclusiones más políticas del estudio tiene que ver con cómo se vigila el cambio climático oceánico. Durante años, la métrica estrella ha sido el transporte de agua, es decir, cuánto caudal mueve una corriente. Pero la Agulhas y la del Golfo mantienen ese transporte estable, aunque el sistema esté cambiando por dentro.

“Las observaciones a largo plazo de los flujos de Eddy podrían revelar mejor los cambios climáticos en el océano”, sostienen Gunn y Beal. La conclusión práctica es clara: si los modelos climáticos no incorporan bien estos remolinos, se les puede escapar buena parte de lo que realmente está pasando bajo la superficie.

El estudio fue publicado en Nature Climate Change

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