Científicos advierten que la «vida espejo» sintética podría amenazar toda la vida en la Tierra

Por: Indux
Publicado el: 17 de abril de 2026 a las 06:59
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Placa de Petri con colonias bacterianas de distintos tamaños sostenida con una mano enguantada

¿Puede una célula ser la imagen reflejada de todas las demás? La idea parece sacada de un relato de ciencia ficción, pero lleva años circulando en los laboratorios. Y ahora, un grupo creciente de investigadores pide poner límites claros antes de que esa posibilidad se convierta en un problema difícil de revertir.

Esta semana, más de treinta expertos en biología sintética, bioquímica, sociología y gobernanza tecnológica se han reunido cerca de Mánchester (Reino Unido) para debatir hasta dónde debería llegar la investigación en «mirror life», organismos sintéticos fabricados con moléculas que son la imagen en espejo de las que componen la vida natural. El encuentro lo han coorganizado el profesor Patrick Cai, de la Universidad de Mánchester, y el Mirror Biology Dialogues Fund, una fundación creada tras la alerta pública de 2024. Nature ha cubierto el debate en su edición del 15 de septiembre de 2025 (enlace al artículo original).

La vida tal y como la conocemos es «zurda». Las proteínas de nuestro cuerpo están construidas con aminoácidos levógiros y el ADN gira como un sacacorchos dextrógiro. Esa asimetría, llamada quiralidad, es una característica común a todos los seres vivos. Una célula en espejo invertiría ese orden: mismos ingredientes, pero al revés.

En la práctica, eso significa crear desde cero una bacteria con ADN que gire hacia el otro lado y proteínas hechas con aminoácidos «derechos». Nunca ha existido en la naturaleza. Y ahí está el problema.

La alerta que lo cambió todo

En diciembre de 2024, 38 científicos firmaron un artículo en la revista Science advirtiendo de que este tipo de organismos, si escapasen al laboratorio, podrían propagarse casi sin oposición. Los virus y microbios que mantienen a raya a las bacterias normales no reconocerían sus moléculas. Tampoco el sistema inmune de humanos, animales o plantas. La hipótesis de fondo es inquietante: una infección silenciosa, persistente y prácticamente imposible de erradicar.

El Comité Central Alemán de Bioseguridad revisó después ese análisis de forma independiente y respaldó sus conclusiones principales. Desde entonces se han celebrado reuniones en Asilomar (California) y en el Institut Pasteur de París, con un mensaje cada vez más compartido: no conviene construir bacterias en espejo. Y ahí es donde entra Mánchester.

La complicación es que no todo lo que se investiga en este campo lleva a una célula completa. Las moléculas en espejo, por separado, ya son una realidad con aplicaciones reales. En 2017, la FDA estadounidense aprobó el etelcalcetide, un péptido con aminoácidos reflejados, para pacientes con enfermedad renal crónica. La clave está en que el cuerpo tarda mucho más en degradarlos, lo que los hace candidatos prometedores frente a enfermedades infecciosas, superbacterias y otras patologías difíciles.

«Cualquier marco de gobernanza para organismos en espejo debería preservar explícitamente la investigación beneficiosa con biomoléculas en espejo», señaló Jonathan Sczepanski, químico de la Universidad Texas A&M, uno de los participantes en el taller.

Por eso la discusión se está centrando en dónde trazar la línea. Investigar una proteína reflejada para un fármaco es una cosa. Ensamblar un ribosoma completo, necesario para que esas moléculas se fabriquen solas, es otra distinta. Y construir una célula funcional, la tercera.

Qué se decidió (y qué no) en Mánchester

La reunión no cerró conclusiones firmes, y eso también es una noticia. Kate Adamala, de la Universidad de Minnesota y una de las investigadoras que lleva años en este terreno, lo resumió con crudeza: «Seguimos en una posición en la que es posible impedir que se cree la vida en espejo, pero a medida que estas tecnologías maduren, nuestras opciones de intervención se reducirán».

La socióloga Joy Zhang, de la Universidad de Kent, añadió otro matiz: las líneas rojas, por sí solas, no bastan. Hace falta una combinación de prohibiciones, redes de seguridad e incentivos para que la investigación legítima no se detenga.

Días después del encuentro británico, las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos abrieron su propio taller sobre el tema. En 2026 habrá una nueva cita en la Universidad Nacional de Singapur. En paralelo, crece la presión para que los organismos financiadores dejen de apoyar trabajos que puedan acercar la creación de una bacteria completa en espejo.

La creación real de estos organismos, insisten los expertos, está, por lo general, a décadas de distancia. Pero la conversación sobre cómo regularlos está ocurriendo ahora, precisamente porque aún no es tarde.

El artículo original fue publicado en Nature.

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