Tiraron 200.000 barriles radiactivos al Atlántico durante 44 años y Francia los busca ahora a 4.000 metros de profundidad

Publicado el: 3 de mayo de 2026 a las 08:49
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Barilles radiactivos en el fondo del mar

La misión NODSSUM, coordinada por el CNRS francés con apoyo de Ifremer, la Universidad de Girona y la flota oceanográfica nacional, partió el 15 de junio de 2025 con destino a una llanura abisal de 6.000 kilómetros cuadrados situada a 600 km al oeste de Galicia. Su objetivo es localizar y evaluar el deterioro de los bidones radiactivos que ocho países europeos arrojaron al Atlántico Noreste entre 1946 y 1990.

Durante 44 años, Reino Unido, Bélgica, Francia, Suiza, Países Bajos, Alemania, Suecia e Italia llevaron sus residuos nucleares de baja y media actividad a un punto fijo de la llanura abisal del Atlántico Noreste y los hundieron desde la cubierta de un buque mercante envueltos en barriles de chapa de acero recubiertos con hormigón y betún. La cifra final ronda los 200.000 contenedores, repartidos a profundidades entre 2.000 y 4.500 metros sobre un área similar a la mitad de Galicia. La práctica era legal hasta que el Convenio de Londres la prohibió expresamente en 1993. Nadie volvió a la zona durante tres décadas. Hasta el verano de 2025.

Los 2.000 bidones que el sonar ya ha vuelto a ver

La misión NODSSUM, coordinada por el Centro Nacional de Investigación Científica francés, partió el 15 de junio del puerto de Brest a bordo del buque oceanográfico Atalante, perteneciente a la flota de Ifremer. El equipo combina geofísicos, oceanógrafos químicos y biólogos marinos del CNRS, Ifremer, la Universidad de Girona y varios centros de Reino Unido, Bélgica y Alemania, los países que más residuos hundieron. El objetivo declarado en la primera fase no es recuperar los bidones, sino cartografiarlos. La zona seleccionada cubre 6.000 kilómetros cuadrados de llanura abisal y se sitúa a 600 kilómetros mar adentro de la costa de Galicia, en aguas internacionales pero dentro del flujo de la corriente del Atlántico que baña el norte peninsular.

A los pocos días de operación, los sonares de alta resolución del Atalante y los datos del submarino autónomo UlyX, uno de los pocos vehículos del mundo capaces de operar a 4.500 metros, habían localizado más de 2.000 bidones individuales en menos del 5% del área barrida. La cifra confirma que la práctica fue sistemática y concentrada, y permite proyectar el grueso del cementerio nuclear sobre el resto del mapa con una densidad similar.

Lo que cargan los barriles, según los registros

La paradoja del proyecto es que los registros oficiales de qué se vertió, cuándo y por quién existen y son razonablemente buenos. Los archivos de la Agencia Internacional de Energía Atómica y del Foro Atómico de la OCDE recogen tonelaje, actividad radiactiva declarada, isótopos predominantes y coordenadas aproximadas.

Los residuos son sobre todo de categoría baja y media, generados por hospitales, centrales civiles experimentales, laboratorios universitarios y plantas militares de las primeras décadas de la era nuclear. La actividad acumulada declarada por los ocho países alcanza alrededor de 35 petabecquerelios, un orden de magnitud inferior al del accidente de Fukushima, pero distribuido sobre un área amplia y a profundidades en las que el seguimiento ambiental no se había hecho nunca.

Los isótopos relevantes son cesio-137, estroncio-90, plutonio-239 y americio-241. La vida media del primero ronda los 30 años, lo que significa que el cesio vertido en 1950 conserva aún más del 25% de su actividad inicial, y el de 1990 está prácticamente intacto. El plutonio-239 tiene una vida media de 24.110 años y permanecerá radiactivo durante todo el periodo en el que la humanidad pueda recordar el experimento.

La pregunta clave es la integridad del envoltorio

El equipo de Patrick Chardon, físico nuclear del CNRS y uno de los responsables científicos de la misión, ha explicado en la nota de prensa institucional que el dato decisivo no es cuántos bidones quedan, sino cuántos siguen siendo bidones. «El acero a 4.000 metros se corroe lentamente, pero después de 80 años algunos contenedores deben haber liberado al menos parte de su contenido». La fase de campo que terminó el 11 de julio recogió muestras de sedimento, agua intersticial y fauna abisal en torno a una muestra estadística de bidones, y los análisis de laboratorio confirmarán durante los próximos meses si el plutonio y el cesio están migrando del envase original al ecosistema marino.

La pregunta no es académica. La corriente atlántica norte distribuye agua profunda hacia el golfo de Vizcaya y el Cantábrico en escalas de décadas, y el contenido isotópico de la columna de agua de Galicia se mide cada año en el Instituto Español de Oceanografía. Hasta hoy las cifras están dentro del fondo natural, pero ningún país europeo había hecho la verificación directa sobre los propios contenedores.

El siguiente paso de NODSSUM es una segunda campaña en 2026 con perforaciones de sedimento y muestreo dirigido a los bidones más deteriorados. La recuperación física de los contenedores no está sobre la mesa por ahora. La operación, según las estimaciones preliminares de Ifremer, costaría más de mil millones de euros y requeriría tecnología de elevación submarina que ningún país tiene en operación a esa profundidad.

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y tecnología publicitaria. Ha dirigido proyectos en análisis de datos, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. También colabora en iniciativas científicas relacionadas con la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de comunicación científicos, tecnológicos y medioambientales, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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