El objeto llevaba meses siendo observado con un aire distinto a cualquier cometa nacido en el sistema solar. Descubierto en julio de 2025, 3I/ATLAS atraviesa el sistema solar por una trayectoria de escape que confirma su origen más allá del Sol, y los astrónomos le habían visto ya un comportamiento atípico que incluía la formación de una anticola inusual. Los datos del James Webb Space Telescope tomados antes de su máximo acercamiento al Sol apuntaban a una composición excepcional, con una proporción muy alta de dióxido de carbono frente a agua. Lo que nadie esperaba era que esa proporción cambiara en cuestión de semanas.
El cometa alcanzó el perihelio el 29 de octubre de 2025, el punto de su órbita más cercano al Sol. Nuevas observaciones realizadas el 7 de enero de 2026 por el equipo del investigador Yoshiharu Shinnaka, del Instituto de Ciencias Espaciales Koyama, detectaron un cambio claro en la firma química del objeto. El nivel relativo de dióxido de carbono había disminuido respecto a las medidas del Webb anteriores al perihelio, y el nuevo equilibrio se acercaba al observado en 2I/Borisov, el segundo cometa interestelar documentado.
La lectura es simple de visualizar. El cometa entró al sistema solar con una corteza dominada por CO₂ y, al acercarse al Sol, esa capa se sublimó más rápido. A medida que la radiación solar fue calentando las capas profundas, empezaron a liberarse gases más ricos en agua que estaban escondidos debajo. Lo que el telescopio Subaru midió el 7 de enero es un cometa que está abriendo capas, con un material distinto al que mostró en su primera entrada al vecindario solar.
Por qué la corteza cósmica puede estar enmascarando el origen real del cometa
Los autores del estudio, publicado en un paper aceptado por The Astronomical Journal, plantean una hipótesis fundamentada en la química de los cometas. «Una explicación plausible, aunque no única, es la heterogeneidad dependiente de la profundidad, en la que las capas superficiales ricas en dióxido de carbono dominan antes del perihelio», explican en la investigación. El término técnico es heterogeneidad radial, que traducido al lenguaje del radar significa que el interior del cometa no es uniforme. Cambia con la profundidad.
Hay además un segundo factor que los investigadores ponen encima de la mesa. La exposición prolongada a rayos cósmicos galácticos durante millones de años podría haber alterado químicamente la superficie del cometa durante su viaje interestelar, formando una corteza artificialmente enriquecida en dióxido de carbono que enmascara la composición original del núcleo. Lo que un observador ve desde fuera al llegar al sistema solar no sería el cometa de verdad, sino la piel que le ha crecido en el vacío. Solo cuando esa piel se quema, el material original aparece.
Qué espera el telescopio japonés con los próximos visitantes
El estudio es el tercero en sumarse a la biblioteca de observaciones detalladas sobre un objeto interestelar. Antes solo había dos documentados. ‘Oumuamua, en 2017, y 2I/Borisov, en 2019. 3I/ATLAS es apenas el tercero confirmado, y los datos que deja de sí mismo van a marcar la expectativa para los siguientes. Shinnaka lo plantea sin rodeos. «Con el funcionamiento a gran escala de telescopios de rastreo en los próximos años, se espera descubrir muchos más objetos interestelares», afirma.
La referencia implícita está en los nuevos observatorios que entran en operación esta década. El Observatorio Vera C. Rubin en Chile, que empieza su rastreo legado este mismo año, está diseñado para detectar objetos tenues con una capacidad muy superior a la de los telescopios actuales. Sus estimaciones hablan de varios cometas interestelares por década con datos suficientes para estudiarlos como el Subaru acaba de hacer con 3I/ATLAS.
Lo que 3I/ATLAS ha dejado en este segundo paso es una pista sobre cómo formar planetesimales en otros sistemas estelares. Los cometas son reliquias congeladas de los discos que rodean a las estrellas jóvenes, y cada uno de los tres visitantes documentados hasta la fecha aporta una muestra química de un sistema distinto al nuestro.
El dato de que la química superficial puede ser engañosa obliga a revisar lo medido hasta ahora. Lo que se pensaba que era la composición original de otros cometas quizá haya sido solo su envoltorio cósmico. La siguiente observación del Subaru sobre 3I/ATLAS está prevista para los próximos meses, mientras el objeto continúa alejándose del Sol en su única travesía por el sistema solar y se incorpora de manera definitiva al mapa de objetos interestelares que están reescribiendo la química de los cometas.










