Australia desvela un coloso de hierro de 55.000 millones de toneladas en Hamersley y los científicos avisan de que su origen real no está hace 2.200 millones de años sino hace 1.400 millones

Publicado el: 21 de abril de 2026 a las 08:48
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Vista panorámica de una mina a cielo abierto con bancales escalonados, caminos de acceso y maquinaria pesada en un entorno árido.

Australia lleva décadas viviendo del hierro, pero un trabajo científico publicado en la revista PNAS eleva la apuesta: identifica un megayacimiento de mineral de hierro de alta calidad en la región de Hamersley y estima su tamaño en unas 55.000 millones de toneladas métricas. ¿Mucho? En términos industriales, es difícil encontrar una palabra mejor que “descomunal”. Y no solo por el volumen, sino por lo que sugiere para la economía minera y para la forma de buscar nuevos recursos.

El dato ha llamado la atención porque, a precios medios citados en la información difundida (en torno a 105 dólares por tonelada), el valor teórico del mineral en el subsuelo se movería en el entorno de 5,77 billones de dólares. Conviene subrayar lo de “teórico”: el precio del hierro fluctúa, y entre lo que hay bajo tierra y lo que llega a convertirse en producto vendible hay años de inversión, permisos, energía, agua, infraestructuras y coste ambiental. Aun así, el mensaje para el mercado es claro: Hamersley (en el corazón de la gran provincia ferrífera australiana) sigue siendo una pieza clave del suministro global de acero.

Por qué este hallazgo importa más allá del titular

El hierro no es “el mineral de moda” como el litio o el cobalto, pero sigue siendo el músculo del mundo físico: edificios, puentes, carriles, maquinaria, barcos, aerogeneradores. En la práctica, si sube o baja el hierro, lo notan desde las constructoras hasta los fabricantes de automóvil. Por eso, cualquier noticia que prometa grandes volúmenes de mineral de alta ley suele traducirse en una palabra que el sector entiende rápido: estabilidad de suministro.

También hay una lectura geopolítica. En un contexto de cadenas de suministro tensionadas y de transición energética que exige más infraestructura, consolidar reservas y conocimiento en un país exportador como Australia refuerza su peso en las negociaciones comerciales y en las decisiones de inversión de las grandes mineras.

La sorpresa científica: no se formó cuando creíamos

El valor periodístico del estudio no está solo en “cuánto hay”, sino en “cuándo y cómo se formó”. Según el trabajo, el equipo utilizó datación isotópica (plomo y uranio) para reconstruir la historia geológica del yacimiento y concluyó que la formación y compactación principal se produjo hace unos 1.400 millones de años, y no hace 2.200 millones, como sostenía una explicación previa.

Ese cambio de calendario no es un detalle para especialistas. Si el reloj geológico era otro, también podrían serlo las condiciones que favorecen depósitos gigantes, incluyendo el papel de los supercontinentes y sus movimientos. Y eso, para una industria que invierte millones antes de perforar, es información que puede alterar dónde se buscan los próximos grandes descubrimientos. El problema es que explorar a ciegas sale carísimo.

Un método que puede abaratar la exploración (y afinar los sondeos)

El equipo combinó análisis químico y datación isotópica para rastrear el enriquecimiento del mineral, describiendo un salto de concentraciones de hierro desde el 30% hasta más del 60%. Traducido al lenguaje de negocio: una técnica que ayude a “ver” mejor el potencial de alta ley antes de desplegar campañas masivas de perforación puede ahorrar tiempo y capital, además de reducir el impacto de campañas fallidas.

Queda, eso sí, la discusión de siempre: cuánto de ese recurso es realmente explotable, con qué coste energético y bajo qué condiciones ambientales y sociales. En minería, el tamaño impresiona, pero la viabilidad manda. Y ahí es donde se juegan los proyectos.

El estudio se publicó en “Proceedings of the National Academy of Sciences”, la web oficial de la revista.

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y tecnología publicitaria. Ha dirigido proyectos en análisis de datos, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. También colabora en iniciativas científicas relacionadas con la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de comunicación científicos, tecnológicos y medioambientales, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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