La diplomacia se ha topado con la misma piedra de siempre. Las negociaciones nucleares entre Estados Unidos e Irán, celebradas el pasado fin de semana en Islamabad bajo mediación pakistaní, terminaron sin acuerdo por una única razón: el enriquecimiento de uranio. Washington propuso una moratoria de 20 años. Teherán ofreció cinco. Y, por encima de todo, volvió a calificar su derecho a enriquecer como «no negociable».
El alto el fuego de dos semanas pactado el 8 de abril expira el próximo 21 de abril. Mediadores de Pakistán, Egipto y Turquía intentan ahora salvar el diálogo antes de que la guerra, iniciada en febrero con ataques de Estados Unidos e Israel contra suelo iraní, vuelva a encenderse.
La brecha se ha estrechado en muchos puntos, pero no en el esencial. El vicepresidente estadounidense JD Vance, que lideró la delegación, trasladó a los iraníes una exigencia clara: 20 años sin enriquecimiento y retirada de todo el material enriquecido ya existente fuera del país. Según los parámetros no negociables fijados por la Casa Blanca, el desmantelamiento de las principales instalaciones nucleares iraníes también forma parte de la ecuación.
La respuesta iraní llegó de la mano del ministro de Exteriores, Abbas Araghchi. «Estuvimos a un palmo del acuerdo, pero encontramos maximalismo, objetivos cambiantes y bloqueo», escribió en su cuenta de X al terminar la cita. El presidente Masoud Pezeshkian remató el mensaje: si Washington abandona el «totalitarismo» y respeta los derechos de la nación iraní, habrá forma de cerrar un pacto.
Aquí entra el elefante en la habitación. El informe oficial GOV/2026/8 del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) sobre el programa nuclear iraní, presentado en febrero ante el Consejo de Gobernadores, recoge que Irán es el único Estado no poseedor de armas nucleares del Tratado de No Proliferación que ha acumulado uranio enriquecido al 60% de U-235. En total, 440,9 kilos justo antes de los ataques militares de mediados de junio de 2025.
Esa cifra no es inocente. Con un nivel de enriquecimiento del 90%, considerado «grado militar», bastan unos 42 kilos para fabricar un arma nuclear. En la práctica, el stock actual iraní daría material para aproximadamente diez dispositivos si se procesara del todo. El propio OIEA recuerda en el mismo documento que lleva más de ocho meses sin acceso para verificar esos inventarios.
El argumento iraní
Teherán lleva meses repitiendo un argumento de fondo: el Tratado de No Proliferación reconoce el derecho al uso civil de la energía nuclear, y eso, sostienen, incluye enriquecer uranio dentro del país. «No pueden dictar nuestra conducta», zanjó Araghchi en un acto público en febrero.
En las rondas anteriores, documentadas por la Arms Control Association sobre las negociaciones nucleares entre EE. UU. e Irán, los iraníes llegaron a plantear reducir temporalmente el enriquecimiento al 3,67% (el límite del viejo acuerdo de 2015) a cambio de acceso a activos financieros congelados y permiso para exportar petróleo. Pero siempre con una línea roja: mantener algún grado de capacidad propia.
El choque ha rebotado también en Pekín y Moscú. El ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, dijo esta semana desde Pekín que Irán tiene un derecho «inalienable» a enriquecer uranio con fines civiles. «Ni China, ni Rusia, ni la mayoría de países del mundo pueden aceptar el enfoque estadounidense», añadió.
Mientras tanto, Trump ha ordenado un bloqueo naval sobre Irán para aumentar su apalancamiento, y la interrupción del tráfico por el Estrecho de Ormuz documentada por la Agencia de Información Energética de Estados Unidos mantiene los precios del crudo cerca de máximos históricos.
El ministro turco Hakan Fidan ha sugerido extender el alto el fuego entre 45 y 60 días para dar aire a la mediación. El egipcio Badr Abdelatty viajará esta semana a Washington. Y Araghchi ya ha avisado: si el asunto del enriquecimiento se convierte en un «todo o nada», el obstáculo será serio.
Al final del día, la pregunta es sencilla. ¿Cede Irán un margen suficiente para que Trump pueda presentar una victoria en casa? ¿Acepta Washington que Teherán conserve algo de capacidad de enriquecimiento, aunque sea simbólica? El reloj corre, y el 21 de abril está cada vez más cerca.








