Quien sobrevuela el este de California desde la órbita ve aparecer en mitad del desierto una mancha de varios kilómetros con la forma exacta de un ojo humano. La parte exterior es de un blanco hueso que devuelve la luz como si fuera nieve, la pupila central es rosa intenso. Nada de lo que hay en esa imagen es natural en el sentido literal del término. La forma de ojo no la dejó la geología, la dejó William Mulholland y la cuadrilla de ingenieros que entre 1913 y 1927 vaciaron el lago para llevar su agua a Los Ángeles. La NASA acaba de publicar la fotografía captada por uno de los astronautas a bordo de la Estación Espacial Internacional desde unos 400 kilómetros de altitud, según ha difundido el Earth Observatory de la NASA.
El lago Owens ocupaba a comienzos del siglo XX una superficie de aproximadamente 280 kilómetros cuadrados y alcanzaba unos 9 metros de profundidad, con una orla de marismas que servía de paso a las aves migratorias del Pacífico. Era un lago endorreico, lo que en geomorfología significa que recibía aportes del río Owens pero no tenía salida natural más allá de la evaporación, una característica que durante miles de años fue concentrando sales y minerales en el fondo de la cubeta. El Acueducto de Los Ángeles, inaugurado en noviembre de 1913, desvió el cauce del río hacia el sur y en apenas catorce años dejó la cubeta seca.
Lo que el satélite ve ahora es la radiografía de ese vaciado. La playa salina blanca corresponde al fondo del antiguo lago expuesto al sol, una costra de cloruros y sulfatos que refleja la radiación solar como un espejo. El círculo rosa interior es lo que queda del cuerpo de agua activo, una pequeña laguna residual de salmuera donde proliferan arqueas halófilas y bacterias capaces de sobrevivir en concentraciones salinas extremas. El pigmento de esos microorganismos es lo que da el color rosa intenso que en la imagen orbital simula una pupila.
Por qué el lago vacío se convirtió en un problema de salud pública
La cuenca dejó de ser un paisaje turístico para convertirse en la mayor fuente individual de partículas PM10 de Estados Unidos durante varias décadas. El viento que baja desde la Sierra Nevada arrancaba miles de toneladas de polvo salino al año del fondo seco y las depositaba sobre las localidades cercanas de Lone Pine, Independence y Bishop. Los datos del Air Pollution Control District del condado de Inyo registraron concentraciones que llegaban a multiplicar por veinte el límite federal en los días de viento del oeste.
La sentencia que en 1997 obligó al Departamento de Agua y Energía de Los Ángeles a financiar la mitigación cambió la geografía del fondo. La utilidad municipal puso en marcha un programa de inundaciones controladas, plantación de vegetación halófila y extendido de capas de grava sobre las zonas más erosionadas. Hoy más de la mitad del fondo del lago está cubierto por una de esas tres soluciones, lo que ha rebajado las emisiones en torno al 90% respecto al pico de los años noventa según los registros del Distrito de Control de la Contaminación del Aire del condado de Inyo.
Las medidas dejan ver desde la órbita su propio rastro. En la imagen del astronauta los rectángulos algo más oscuros que rompen la blancura uniforme del fondo son las parcelas inundadas y las zonas de grava aplicadas por el plan de mitigación. Lo que parece un capricho de la geología es, en realidad, un mapa visible desde el espacio del litigio entre Inyo County y la ciudad de Los Ángeles que se prolongó durante setenta años.
Una huella humana legible desde 400 kilómetros
El valle de Owens estuvo habitado durante más de 3.000 años por el pueblo Paiute, que aprovechaba el agua del lago para regar maíz y caza menor en torno a las marismas, antes de que la fiebre del oro y la plata atrajera a colonos en el siglo XIX. La comunidad Paiute todavía gestiona reservas de tierras adyacentes y mantiene programas de restauración de la vegetación nativa.
La fotografía elegida por la NASA forma parte del flujo de imágenes que los astronautas de la Expedición 72 disparan a diario con cámaras Nikon de larga focal desde las cúpulas de la estación orbital. Cada serie acaba publicada por el Johnson Space Center y se incorpora al banco abierto del Earth Observatory, donde los climatólogos los usan para medir la velocidad a la que las cuencas endorreicas del oeste estadounidense pierden volumen, una variable cada vez más crítica en el escenario de sequía prolongada que afecta a California desde principios de siglo.
El ojo del lago Owens seguirá visible desde la órbita mientras dure la combinación de capa salina, salmuera roja y mosaico de mitigación. La imagen recoge la firma exacta de un siglo de gestión hidráulica en una sola toma cenital.







