La ciudad japonesa de Fukuoka ya opera una planta de energía osmótica integrada en el centro desalinizador Mamizupia, donde aprovecha la diferencia de salinidad entre salmuera concentrada y agua depurada para mover una turbina. Según la Agencia de Aguas del Distrito de Fukuoka, la instalación arrancó oficialmente el 5 de agosto de 2025, con una potencia neta de unos 110 kW y una producción máxima estimada de 880.000 kWh al año. La electricidad no se destina a la red doméstica, sino al propio ecosistema industrial vinculado a la desalinización, una decisión que da sentido técnico al proyecto.
La relevancia del hito no está en su tamaño, todavía modesto, sino en la validación de una tecnología perseguida desde hace décadas. La japonesa Kyowakiden y el operador local llevaban años buscando una salida útil para esa salmuera, que alcanza concentraciones cercanas al 8% y cuya descarga directa exige precauciones ambientales. La planta convierte un residuo en recurso energético y, además, lo hace con una fuente no intermitente, ajena a la nubosidad o al viento.
Cómo funciona la electricidad osmótica
El principio es conocido como pressure retarded osmosis. Dos corrientes de agua con distinta concentración salina quedan separadas por una membrana semipermeable; el agua menos salada atraviesa esa barrera hacia el lado más concentrado y genera una presión capaz de accionar una turbina. En Fukuoka, el sistema usa la salmuera sobrante de la desalinización y agua tratada de una depuradora cercana, un diseño que eleva el gradiente de salinidad y mejora el rendimiento frente al uso de agua de mar convencional.
La propia administración japonesa subraya que esa arquitectura permite tasas de utilización cercanas al 90%. Tetsuro Ueyama, doctor de Kyowakiden, resumió así el potencial del sistema: “podría desplegarse en cualquier región densamente poblada con una desalinizadora y una depuradora cerca”. Este enfoque resulta especialmente atractivo en Oriente Medio, Australia o el Golfo, donde la desalinización forma ya parte de la infraestructura básica.
Un paso pequeño, pero no irrelevante
La planta de Fukuoka no es la primera del planeta. Ese papel corresponde al proyecto de SaltPower en Dinamarca, respaldado por la Universidad Técnica de Dinamarca, que entró en operación en 2023. Sin embargo, el caso japonés aporta algo distinto: la integración directa entre desalinización, tratamiento de aguas y generación eléctrica, una combinación más cercana a un uso urbano e industrial replicable.
Los desafíos siguen siendo serios. Las membranas continúan siendo caras, el bombeo consume parte de la energía producida y la ganancia neta todavía es limitada. No obstante, la mejora de las membranas de Toyobo y de los sistemas hidráulicos ha permitido que una idea antigua empiece a salir del terreno experimental. La pregunta ya no es si la energía azul funciona, sino en qué lugares podrá resultar económicamente competitiva y con qué escala.










