Reino Unido ha dado un paso relevante en la descarbonización industrial con la conversión de una planta de Wienerberger UK & Ireland en Denton, Greater Manchester, para operar con el primer gran horno comercial de ladrillos alimentado con hidrógeno verde. El proyecto fue anunciado el 25 de marzo y permitirá sustituir el gas natural en una de las actividades térmicas más difíciles de electrificar dentro de la industria cerámica.
La iniciativa no consiste en levantar una fábrica desde cero, sino en transformar una instalación ya operativa. Wienerberger utilizará apoyo del Industrial Energy Transformation Fund para acometer un programa de conversión valorado en 6 millones de libras, con el objetivo de adaptar dos hornos túnel existentes y convertir el complejo de Denton en una referencia mundial para el uso industrial del hidrógeno en la fabricación de ladrillos.
La importancia del movimiento va más allá del caso británico. La fabricación de materiales cerámicos exige temperaturas muy elevadas durante largos periodos, lo que convierte al sector en uno de los más dependientes de combustibles fósiles. Sustituir esa fuente térmica por hidrógeno renovable abre una nueva vía para reducir emisiones sin desmontar la infraestructura industrial existente, un factor clave en un momento en el que Europa acelera la descarbonización de su base manufacturera.
Un cambio técnico sin reconstruir los hornos
El plan contempla la sustitución de 224 quemadores alimentados con gas natural por un sistema preparado para funcionar con hidrógeno, además de nueva infraestructura de suministro, mejoras eléctricas y actualización de controles. Todo ello se hará sin modificar la integridad estructural de los hornos actuales, una decisión que reduce costes y facilita la replicación del modelo en otras plantas del grupo.
El hidrógeno llegará al complejo en virtud de un acuerdo de suministro a 15 años con Trafford Green Hydrogen, desarrollado por Carlton Power y Schroders Greencoat. Según el calendario difundido por la empresa, uno de los hornos debería operar plenamente con hidrógeno, o ambos parcialmente convertidos, en otoño de 2027, mientras que la transición completa del emplazamiento está prevista para 2028. La apuesta británica se apoya así en una cadena de valor concreta, no en una simple prueba de laboratorio.
Más de 11.600 toneladas de CO₂ menos al año
Una vez completada la conversión, Wienerberger estima que la planta evitará más de 11.600 toneladas anuales de dióxido de carbono, lo que equivale a cerca del 9% de las emisiones de alcance 1 y 2 de la filial británica e irlandesa. La empresa sostiene además que los ensayos realizados dentro de un programa de investigación financiado por el Department for Energy Security and Net Zero han confirmado que ni la resistencia ni el aspecto del ladrillo se verán alterados por el cambio de combustible.
Keith Barker, director de operaciones de Wienerberger UK & Ireland, señaló que el proyecto representa “a truly pivotal moment” tanto para la compañía como para el sector cerámico. Esa valoración encaja con la estrategia más amplia del grupo, que también impulsa un horno túnel electrificado para tejas en Broomfleet. La descarbonización del ladrillo ya no se plantea como una hipótesis futura, sino como una transición industrial en marcha.











