La Comisión Europea situó este 10 de marzo la energía nuclear en el centro de su nueva hoja de ruta industrial y energética. Durante la Cumbre sobre Energía Nuclear celebrada en París, Ursula von der Leyen defendió que Europa se equivocó al dar la espalda a una fuente estable, baja en carbono y competitiva, al tiempo que Bruselas presentó una estrategia específica para acelerar el despliegue de pequeños reactores modulares, conocidos como SMR.
La propia Comisión llevaba meses preparando el terreno con consultas públicas, una alianza industrial sobre SMR y un nuevo programa indicativo de inversiones nucleares. Sin embargo, la intervención de Von der Leyen convirtió ese proceso técnico en un cambio de tono mucho más explícito: la autonomía energética europea pasa ahora también por recuperar capacidad nuclear, junto a las renovables.
Bruselas vincula desde hace tiempo la seguridad del suministro con la necesidad de reducir dependencias estratégicas, incluidas las importaciones energéticas rusas. En ese marco, la Comisión sostiene que todas las soluciones cero y bajas en carbono serán necesarias para descarbonizar el sistema energético europeo, una formulación que ya integra a la nuclear dentro del paquete de transición y competitividad industrial.
La apuesta por los pequeños reactores
La novedad más concreta fue la presentación de la estrategia comunitaria para SMR y AMR, tecnologías diseñadas para fabricarse de forma modular y desplegarse con mayor flexibilidad que las grandes centrales convencionales. Bruselas plantea tener los primeros proyectos operativos en Europa a comienzos de los años treinta, con una coordinación reforzada entre Estados, industria, reguladores e inversores.
Según la Dirección General de Energía, esta familia de reactores podría servir no solo para producir electricidad, sino también para calor industrial, redes de calefacción urbana, hidrógeno o suministro energético para centros de datos. Dan Jørgensen, comisario europeo de Energía y Vivienda, señaló que se trata de “una tecnología nuclear segura” capaz de aportar energía descarbonizada y reforzar la competitividad industrial europea.
La Comisión subraya, no obstante, que esa aceleración deberá apoyarse en los estándares más altos de seguridad nuclear, gestión de residuos y no proliferación. Ese matiz resulta central, porque la discusión sobre los SMR sigue abierta en el terreno económico, regulatorio y tecnológico, y todavía no se ha demostrado de manera concluyente que puedan desplegarse a gran escala con costes y plazos más favorables que los de la nuclear convencional.
Inversiones, industria y dependencia exterior
El nuevo Programa Indicativo Nuclear calcula que harán falta unos 241.000 millones de euros hasta 2050 para sostener las ambiciones nucleares de los Estados miembros, entre extensiones de vida útil y nuevas instalaciones. A ello se añade una garantía comunitaria de 200 millones para favorecer inversión privada en SMR.
Los datos de Bruselas muestran además que la nuclear sigue teniendo un peso considerable en la UE. En 2024, las centrales atómicas de 12 países europeos produjeron el 23,3% de la electricidad comunitaria, y la capacidad instalada podría pasar de 98 GWe en 2025 a alrededor de 109 GWe en 2050. La cuestión ya no es si la nuclear sigue presente en Europa, sino qué papel ocupará en el nuevo equilibrio energético continental.
La estrategia, en este sentido, deja una conclusión abierta. Si los SMR logran superar sus barreras industriales y regulatorias, podrían convertirse en una pieza clave del nuevo mapa energético europeo. Si no lo hacen, el discurso de París quedará como el síntoma más visible de un cambio político que todavía busca su traducción tecnológica.













