La NASA ha vuelto a poner el foco sobre el sureste español al difundir imágenes del llamado “mar de invernaderos” de Almería, una extensión de cubiertas plásticas visible desde el espacio que se ha convertido en uno de los paisajes agrícolas más singulares de Europa. El enclave se sitúa en el Campo de Dalías, una llanura costera donde la agricultura intensiva bajo plástico transformó una zona semiárida en un gran centro exportador de hortalizas.
Según la agencia espacial, las imágenes captadas por Landsat 9 muestran una de las mayores concentraciones de invernaderos del mundo alrededor de El Ejido. Las estimaciones más citadas sitúan su producción anual entre 2,5 y 3,5 millones de toneladas de frutas y verduras, una magnitud que explica por qué esta comarca abastece a buena parte del mercado europeo durante los meses fríos.
De paisaje árido a huerta intensiva
La expansión de este modelo no fue inmediata. El área comenzó a desarrollarse hace décadas mediante estructuras simples de plástico que permitían proteger los cultivos del viento, el frío y la evaporación, algo decisivo en una provincia con lluvias escasas y fuerte insolación. La NASA ya describía a comienzos de los años 2000 que el Campo de Dalías había pasado a explotar de forma intensiva decenas de miles de hectáreas gracias a esta combinación de clima, cubierta plástica y acceso al agua.
Con el tiempo, el sistema incorporó riego por goteo, sustratos artificiales, control biológico de plagas y nuevas técnicas de manejo. La evolución tecnológica ha sido suficientemente intensa como para que varios trabajos científicos describan Almería como un caso de intensificación agrícola altamente especializada, con mejoras sostenidas en productividad, aunque también con una presión creciente sobre agua, suelo y gestión de residuos.
La revolución tecnológica tiene costes
La dimensión innovadora sigue siendo una de las claves del modelo. El Centro Tecnológico Tecnova, con sede en Almería, se presenta como un polo de desarrollo para tecnología de invernaderos, sensorística y trazabilidad aplicada al sector agroindustrial. Guadalupe López Díaz, ingeniera agrónoma y responsable de proyectos estratégicos del centro, señaló que “hoy se está poniendo en marcha una revolución tecnológica sostenible”, en referencia a la nueva etapa de digitalización y eficiencia del sistema.
Sin embargo, el balance no es enteramente positivo. La literatura científica sobre Almería advierte de problemas persistentes de agua, residuos plásticos, biodiversidad y sostenibilidad social, mientras que análisis específicos sobre residuos agrícolas cuantifican un volumen elevado de plástico por hectárea y año que obliga a mejorar su tratamiento dentro de una lógica de economía circular.
A ello se suma la dependencia de recursos hídricos cada vez más tensionados. Estudios sobre seguridad del agua en el modelo hortícola almeriense subrayan que la desalación y la reutilización se han vuelto piezas cada vez más importantes, aunque su coste y su escalabilidad siguen siendo objeto de debate. El sistema funciona como un motor agrícola de enorme rendimiento, pero su continuidad depende de cómo resuelva esos límites físicos y ambientales en un contexto de cambio climático.












