Un Shahed-136 pesa unos 200 kilogramos, lleva 50 kilogramos de carga explosiva, alcanza 185 km/h y cuesta alrededor de 25.000 euros. El interceptor ucraniano que lo derriba pesa unos pocos kilos, alcanza 280 km/h, está impreso en 3D y cuesta alrededor de 3.000 euros. La lógica es simple: si el agresor puede saturar el cielo con cientos de Shaheds simultáneos, la respuesta con misiles Patriot (varios millones de euros por disparo) o con sistemas MANPADS (unos 5.700 euros por disparo) es económicamente insostenible. Ucrania lo descubrió en 2022. En 2026, el Foreign Policy Research Institute documenta cómo EEUU y once gobiernos más se apresuran a adoptar la solución ucraniana.
Cómo funciona el Sting y por qué la fibra óptica cambió el equilibrio
El interceptor más documentado es el Sting, desarrollado por el grupo Wild Hornets. Alcanza 280 km/h, es impreso en 3D con materiales de bajo coste y su operador lo lanza y guía hasta el punto de impacto. Desde mayo de 2025, el sistema acumula más de 1.500 derribos, incluido el 16,9% de todos los Shahed destruidos en el período del 5 al 20 de noviembre. Su unidad calcula haber evitado 1.520 bajas civiles potenciales en ese tiempo.

El principal problema de los primeros interceptores FPV (pilotados en primera persona vía radiofrecuencia) era el entorno de guerra electrónica rusa: los bloqueadores de señal interrumpían la conexión entre el operador y el dron antes del impacto. La solución fue prescindir de las ondas de radio. Los interceptores de fibra óptica transmiten imagen y mando a través de un cable físico de hasta 20-50 kilómetros. La señal no puede bloquearse. Rusia introdujo esta tecnología a finales de 2024; Ucrania la desplegó a escala en el verano de 2025.
100.000 unidades en 2025, siete millones previstos en 2026
El salto de escala es el dato que explica el interés internacional. Ucrania pasó de producir prototipos a fabricar entre 950 y 1.500 interceptores diarios en 2025, con más de 30 fabricantes nacionales activos. En total, produjo aproximadamente 100.000 interceptores ese año. El plan para 2026 contempla siete millones de drones de todos los tipos, desde FPV hasta interceptores de largo alcance.
Los interceptores representan ya el 30% de todos los UAV rusos destruidos. El coste unitario, entre 1.000 y 4.400 euros según el modelo, hace rentable la saturación del espacio aéreo con unidades propias frente a las oleadas enemigas. Más de 20.000 vehículos no tripulados están actualmente desplegados en distintas unidades de defensa ucranianas.
El Ejército de EEUU los lleva al Golfo Pérsico
El 28 de febrero de 2026, EEUU e Israel iniciaron operaciones contra Irán. Cinco días después, el Ejército de EEUU había enviado 10.000 drones Merops al teatro de operaciones de Oriente Medio. Los Merops son interceptores derivados de la tecnología ucraniana, equipados con guiado por inteligencia artificial, y fueron desplegados específicamente para repeler ataques de Shahed iraníes sin consumir el inventario de misiles de alto coste.
Al menos once gobiernos han solicitado asistencia directa a Ucrania para replicar su modelo de defensa antidrones. Equipos de especialistas ucranianos han sido enviados ya a varios países para formar a operadores en detección, seguimiento e intercepción de UAVs a gran escala.
La siguiente capa de la evolución ya está documentada: integración de IA para targeting autónomo(el operador lanza y el sistema localiza e impacta sin intervención humana), armas láser de bajo coste para derribar drones baratos, e interceptores con autonomía total en entornos de denegación de GPS.











