Nuevo estudio detecta en Australia un pozo de carbón abandonado que emite tanto metano como 10.000 coches al año

Por: Indux
Publicado el: 17 de marzo de 2026 a las 14:21
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Vista aérea de un profundo sumidero natural con agua en una zona rocosa y árida

Un único pozo de exploración de carbón abandonado en Queensland ha sido identificado como un superemisor de metano, según un estudio publicado en Science of The Total Environment y respaldado por la Universidad de Queensland. Los investigadores estimaron una emisión media de 235 toneladas de metano al año, una magnitud que la propia institución compara con el impacto climático anual de 10.000 coches nuevos recorriendo 12.000 kilómetros.

El hallazgo resulta relevante porque el metano permanece menos tiempo en la atmósfera que el dióxido de carbono, pero su capacidad de calentamiento a corto plazo es muy superior, de modo que localizar fugas intensas ofrece una vía rápida para recortar el forzamiento climático. En este caso, además, no se trata de una mina activa ni de una infraestructura industrial visible, sino de una perforación antigua en un prado ganadero del Surat Basin que seguía liberando gas de forma sostenida.

La investigación sugiere que el problema podría ir mucho más allá de un caso aislado. Los autores recuerdan que Queensland alberga unas 130.000 perforaciones similares cuya calidad de sellado se desconoce, lo que abre la posibilidad de que parte de estas infraestructuras históricas se haya convertido en una red difusa de emisiones no contabilizadas. No obstante, el propio equipo matiza que la mayoría no necesariamente será emisora, aunque algunas podrían alcanzar tasas relevantes.

Una semana de mediciones continuas

El trabajo fue firmado por Sebastian Hoerning y Philip Hayes, vinculados al Gas & Energy Transition Research Centre de la Universidad de Queensland. A diferencia de campañas puntuales con sensores manuales, el equipo utilizó un sistema portátil Quantum Gas LiDAR montado en remolque, capaz de seguir la fuga durante siete días y seis noches bajo condiciones meteorológicas cambiantes.

Esa estrategia permitió observar una variabilidad temporal muy acusada en la emisión. El artículo describe percentiles equivalentes a entre 22,8 y 438 toneladas anuales, lo que apunta a que la fuga cambia con el entorno atmosférico y, probablemente, con factores subterráneos. Los autores detectaron además una correlación negativa con la presión atmosférica, una pista de que la meteorología puede modular la intensidad del escape.

Un legado fósil que complica la contabilidad climática

Philip Hayes subrayó que “esta fue la primera medición a largo plazo de emisiones de metano procedentes de un pozo de exploración de carbón abandonado”, mientras que Sebastian Hoerning advirtió de que estas perforaciones “podrían ser una fuente importante de emisiones de gases de efecto invernadero que actualmente no se reporta”. Ambas declaraciones resumen el núcleo del problema: infraestructuras olvidadas que siguen conectando el subsuelo con la atmósfera.

La parte más llamativa del estudio es que también identifica una salida relativamente simple. Sellar los pozos con mayores emisiones podría convertirse en una medida rápida y de bajo coste, al menos frente a otras intervenciones climáticas más complejas. Por ello, el equipo reclama ampliar la muestra, examinar otras perforaciones y comprobar hasta qué punto este fenómeno se repite en otras cuencas carboníferas de Australia y del resto del mundo.

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