El diésel se está encareciendo con más intensidad que la gasolina en España porque Europa arrastra una vulnerabilidad estructural: importa gran parte del gasóleo que consume y, además, depende de un mercado internacional especialmente sensible a cualquier interrupción en Oriente Medio. La Agencia Internacional de la Energía ha advertido de que los flujos de crudo y productos petrolíferos por el estrecho de Ormuz han caído desde unos 20 millones de barriles diarios a niveles residuales, mientras que los mercados de destilados medios, como diésel y queroseno, ya estaban tensionados antes del último repunte geopolítico.
La diferencia con la gasolina es clave. El gasóleo no se mueve solo al ritmo del Brent, sino también al de los productos ya refinados, donde pesan más la logística, los inventarios disponibles y la capacidad de refino. En el caso europeo, esa fragilidad se agravó tras el veto comunitario a las importaciones marítimas de diésel ruso en 2023, que obligó a redirigir el suministro hacia Estados Unidos y, sobre todo, Oriente Medio. La Administración de Información Energética de Estados Unidos subraya que ese cambio dejó a Europa más expuesta a disrupciones externas y elevó la presión sobre el mercado global del diésel.
Un combustible más dependiente de rutas críticas
La exposición europea no es menor. Según Eurostat, la dependencia importadora de la Unión Europea en crudo y productos petrolíferos alcanzó el 94,8% en 2023, una cifra que ilustra hasta qué punto el bloque sigue necesitando suministro exterior para sostener su demanda energética. En paralelo, la EIA recuerda que por Ormuz transitó en 2024 alrededor del 20% del consumo mundial de líquidos petrolíferos y que existen pocas alternativas reales para sustituir ese corredor si se interrumpe.
La presión es todavía mayor en el diésel porque se trata del combustible central del transporte pesado, la logística, la maquinaria agrícola y parte del tráfico marítimo. Esa demanda resulta menos flexible que la de la gasolina y repercute con rapidez en la cadena productiva. La Comisión Europea, a través de su Weekly Oil Bulletin, sigue actualizando semanalmente los precios al consumidor en todos los países de la UE, una señal de hasta qué punto el encarecimiento de los carburantes se ha convertido en un indicador estratégico.
El refino ya no amortigua el golpe como antes
La AIE añade otro elemento decisivo: los destilados medios ya partían de un mercado mundial muy ajustado. Los productores del Golfo exportaron 3,3 millones de barriles diarios de productos refinados en 2025, pero más de 3 millones de barriles diarios de capacidad de refino en la región ya han quedado fuera de servicio por ataques y por la dificultad para exportar. “This is creating significant and growing risks for the market”, señaló el director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol, en una declaración oficial del 10 de marzo.
El resultado es que Europa dispone de menos margen para absorber un shock en el diésel que en la gasolina. Aunque la liberación coordinada de 400 millones de barriles de reservas de emergencia por parte de la AIE busca contener el impacto inmediato, el organismo reconoce que la evolución futura dependerá de la duración de la crisis y de la reapertura efectiva de las rutas de suministro. Mientras eso no ocurra, el gasóleo seguirá funcionando como una pieza especialmente sensible del tablero energético europeo.













