Lo que hasta hace poco parecía una idea de ciencia ficción ya ha llegado al regulador estadounidense. La Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos estudia una solicitud de Reflect Orbital para probar un satélite con espejo destinado a reflejar luz solar hacia la superficie terrestre durante la noche, dentro de un proyecto mucho más ambicioso que la propia empresa ha vinculado a una futura constelación de decenas de miles de unidades. En paralelo, SpaceX ha pedido permiso para desplegar hasta un millón de satélites dedicados a computación orbital para inteligencia artificial, un sistema que también incrementaría de forma drástica la presencia de objetos brillantes en órbita baja.
La alarma ha llevado a reaccionar a cuatro asociaciones internacionales de cronobiología: la European Biological Rhythms Society, la Society for Research on Biological Rhythms, la Japanese Society for Chronobiology y la Canadian Society for Chronobiology. Sus presidentes han advertido de que alterar artificialmente el entorno lumínico nocturno no tendría solo un efecto astronómico o paisajístico, sino también fisiológico y ecológico. La preocupación central es que la noche deje de comportarse como noche.
Un cambio de luz que afecta al reloj biológico
Los cronobiólogos estudian precisamente eso: cómo la alternancia entre luz y oscuridad regula el sueño, la secreción hormonal, la actividad metabólica y los ciclos estacionales de humanos, animales y plantas. Su objeción a estos proyectos parte de un principio básico: si se modifica ese patrón a gran escala, también se altera el funcionamiento de los relojes biológicos que dependen de él.
El genetista Charalambos Kyriacou, presidente de la sociedad europea, lo resumió con una frase muy gráfica al pedir a la FCC que reconsidere estos planes: “Las plantas necesitan la noche. No se puede simplemente eliminarla”. La advertencia va más allá del sueño humano. Los investigadores temen efectos sobre la migración de especies nocturnas, los ciclos de floración y crecimiento vegetal, y hasta el fitoplancton, base de buena parte de la cadena trófica marina.
De la iluminación puntual al impacto global
Reflect Orbital defiende que su sistema serviría para iluminar zonas de entre 5 y 6 kilómetros, por ejemplo en emergencias o trabajos nocturnos, mediante satélites con grandes superficies reflectantes. Sus críticos responden que incluso una aplicación localizada introduce una intervención deliberada en el ciclo de luz y oscuridad terrestre, algo que hasta ahora nunca se había planteado a esta escala.
La controversia ha unido así dos debates que hasta ahora avanzaban por separado: el de la contaminación lumínica orbital y el de los efectos biológicos de una noche cada vez menos oscura. Y esa combinación es la que ha llevado a los cronobiólogos a pedir que la FCC no trate estos proyectos como simples despliegues tecnológicos, sino como una modificación ambiental con posibles consecuencias globales.











