A partir del 31 de marzo de 2026, los hogares de Inglaterra entran en una nueva etapa del reciclaje doméstico. La reforma, integrada en el plan Simpler Recycling, obliga a estandarizar la recogida de residuos para acabar con la confusión entre municipios y elevar unas tasas de reciclaje que llevan años prácticamente atascadas. Sobre el papel, la idea es sencilla: que los ciudadanos reciclen los mismos materiales vivan donde vivan. En la práctica, no lo será tanto. Y ahí está el nudo.
El nuevo esquema prevé, por defecto, cuatro flujos de recogida para los hogares: residuos no reciclables, biorresiduos, papel y cartón, y el resto de reciclables secos como plástico, metal y vidrio. La guía oficial del Gobierno británico precisa además que la recogida de restos de comida deberá ser semanal y gratuita, y que afectará también a pisos y propiedades comunales. En algunos casos, los ayuntamientos podrán recoger juntos comida y poda, pero la frecuencia semanal del residuo alimentario se mantiene.
La reforma busca corregir la fragmentación del sistema. El Gobierno sostiene que Simpler Recycling pondrá fin a la “postcode lottery” de la basura, es decir, a ese mapa desigual en el que un vecino puede reciclar ciertos envases y otro, en la localidad de al lado, no. Según WRAP, la entidad de referencia en economía circular en Reino Unido, se trata de una “once-in-a-generation revamp” del sistema. No es poca cosa.
Pero hay una grieta evidente entre la norma y el calendario. Una investigación citada por Yahoo News y recogida también por medios del sector indica que al menos 71 autoridades locales no llegarán a tiempo para desplegar la recogida semanal de residuos alimentarios en todos los hogares. El motivo no es menor: escasez de camiones especializados, presión sobre la cadena de suministro y dudas sobre la financiación recurrente para operar el servicio semana tras semana. Dicho de otra forma, no basta con comprar cubos. Hay que sostener toda la maquinaria.
El trasfondo explica por qué Londres aprieta ahora el acelerador, ya que las cifras oficiales muestran que la tasa de reciclaje de residuos domésticos del Reino Unido fue del 44,6% en 2023, con Inglaterra en el 44,0%, muy lejos todavía de la ambición oficial de reciclar el 65% de los residuos municipales en 2035. Además, la propia WRAP detectó que solo el 9% de los ciudadanos se siente “muy seguro” de reciclar correctamente y que el 82% reconoce que acaba echando artículos erróneos al contenedor de reciclaje. Mucha rutina, sí. Pero también mucha duda cotidiana.
También cambia el plástico
Desde este mes, los ayuntamientos deberán aceptar más envases del tipo pots, tubs and trays y cartones compuestos en el flujo de reciclables secos. Y hay otro salto ya marcado en el calendario: desde el 31 de marzo de 2027, también deberán recogerse las bolsas y films plásticos junto al plástico reciclable. Aun así, seguirán fuera del circuito materiales como el poliestireno y los plásticos etiquetados como “compostable” o “biodegradable”, incluidos algunos formatos problemáticos como ciertas cápsulas de café.
Al final del día, lo que intenta hacer esta reforma es bastante reconocible: quitar complejidad a una tarea doméstica que millones de personas hacen casi en piloto automático. La duda es si la infraestructura pública llegará al mismo ritmo que la ley. Porque una norma puede cambiar en una fecha concreta.








