El fondo del puerto oriental de Alejandría ha devuelto una parte decisiva de uno de los monumentos más célebres de la Antigüedad. Una misión arqueológica dirigida por el CNRS francés y el Centre d’Études Alexandrines ha sacado del agua 22 de los bloques más grandes del Faro de Alejandría, entre ellos dinteles, jambas, el umbral de su puerta monumental y grandes losas de base. La operación se integra en el proyecto PHAROS, cuyo objetivo es crear un gemelo digital del edificio.
La relevancia del hallazgo no está solo en el tamaño de las piezas. Algunas pesan entre 70 y 80 toneladas, y varias pertenecen a zonas estructurales clave del faro. Además, la misión ha recuperado fragmentos de un pilono de estilo egipcio y técnica helenística que hasta ahora no se conocía, una pista que podría obligar a matizar cómo se mezclaron las tradiciones arquitectónicas griega y egipcia en la construcción.
El faro fue levantado a comienzos del siglo III a. C. bajo los Ptolomeos y durante siglos actuó como referencia para los navegantes que se acercaban a una costa complicada. Según la Fundación Dassault Systèmes, que respalda el programa, la torre alcanzó unos 100 metros de altura y fue “el primer rascacielos de la humanidad”, una fórmula expresiva que resume su impacto técnico y simbólico en el Mediterráneo antiguo.
Un rompecabezas arqueológico bajo el agua
Las ruinas submarinas del faro fueron localizadas en 1995 por el arqueólogo Jean-Yves Empereur, del Centre d’Études Alexandrines. Treinta años después, la nueva campaña dirigida científicamente por Isabelle Hairy, arqueóloga y arquitecta del CNRS, ha abierto una fase distinta: ya no se trata solo de localizar restos, sino de documentarlos, escanearlos y recolocarlos virtualmente para reconstruir el edificio bloque a bloque.
El comunicado del CNRS explica que los bloques extraídos se sumarán a más de un centenar de elementos ya digitalizados bajo el agua durante la última década. Tras el tratamiento fotogramétrico, ingenieros de la Fundación Dassault Systèmes analizarán cada pieza “como un inmenso puzle arqueológico” para probar hipótesis sobre la arquitectura original, las reformas del faro y las causas de su caída.
La reconstrucción digital de una maravilla desaparecida
El proyecto PHAROS aspira a algo más ambicioso que una simple catalogación. Los responsables quieren devolverle forma al faro en un entorno virtual para estudiar con más precisión su diseño, sus distintas fases históricas y su derrumbe final. La propia fundación que apoya la iniciativa sostiene que el modelo permitirá “revivir el esplendor original” del monumento y recorrerlo de forma inmersiva, una herramienta que combina arqueología, simulación científica y patrimonio digital.
Ese enfoque resulta especialmente valioso porque del Faro de Alejandría no sobrevive ningún equivalente completo. El programa recuerda que el edificio fue desmantelado en parte tras quedar fuera de servicio en 1303 y que muchos de sus materiales se reutilizaron hasta la construcción de la fortaleza de Qaitbay en 1477. La maravilla no ha reaparecido intacta, pero estas piezas permiten acercarse más que nunca a su forma real y a su historia material.









