La discusión sobre si un objeto interestelar podría delatar un origen tecnológico acaba de desplazarse desde la especulación visual hacia un criterio dinámico mucho más concreto: su capacidad para frenar dentro del Sistema Solar. Esa es la idea defendida por Avi Loeb, director del Institute for Theory and Computation de Harvard y responsable del Proyecto Galileo, en un análisis centrado en el visitante interestelar 3I/ATLAS, el tercer gran objeto de este tipo detectado hasta ahora. La propuesta parte de una premisa sencilla: un cuerpo natural que llega desde el espacio interestelar entra con energía positiva respecto al Sol, lo que le permite atravesar el Sistema Solar y salir de él salvo que alguna fuerza adicional reduzca de forma drástica su velocidad.
El caso de 3I/ATLAS resulta útil porque su trayectoria ya está bien caracterizada. El estudio de descubrimiento describe una velocidad hiperbólica de unos 58 kilómetros por segundo, un perihelio situado en torno a 1,36 unidades astronómicas y una órbita claramente interestelar. A partir de ahí, Loeb plantea que la prueba decisiva no sería observar una anomalía vaga, sino comprobar si un objeto así consigue disipar suficiente energía como para dejar de escapar y quedar gravitacionalmente ligado al Sol.
La clave está en la aceleración no gravitacional
La física de fondo no es nueva. Los cometas pueden sufrir aceleraciones no gravitacionales cuando expulsan gas y polvo por sublimación, un efecto que actúa como un pequeño motor natural. Loeb toma ese mecanismo y lo lleva al límite: si la aceleración contraria al movimiento fuese lo bastante intensa, el objeto podría frenar hasta quedarse en el Sistema Solar. En su artículo, resume esa idea con una frase directa: “Si alguno de ellos parece frenar lo suficiente como para quedar gravitacionalmente ligado al Sistema Solar, ese frenado debería considerarse una firma tecnológica”.
El problema para esa hipótesis es que 3I/ATLAS no muestra nada parecido. En un preprint firmado por Valentin Thoss, Abraham Loeb y Andreas Burkert, los autores infieren la aceleración no gravitacional del objeto a partir de su pérdida de masa y concluyen que el efecto observado es compatible con desgasificación cometaria, no con una maniobra de frenado extrema. El propio texto de Loeb cuantifica la diferencia: para quedar atrapado, 3I/ATLAS habría necesitado una aceleración superior a la gravedad solar local por un factor de 2,6, mientras que la medida real se situaría en torno a 0,0001 veces esa gravedad.
Rubin multiplicará los candidatos
La relevancia de la propuesta no está en 3I/ATLAS, sino en lo que viene. El Vera C. Rubin Observatory acaba de publicar su Data Preview 1 y la comunidad espera que su capacidad de rastreo eleve el número de detecciones de objetos interestelares desde apenas unos pocos en una década hasta decenas de casos en los próximos años. Ese aumento obligará a distinguir con más rigor entre rarezas naturales y anomalías físicas de verdad.
En ese contexto, la llamada Loeb Scale, una escala de clasificación de 0 a 10 para objetos interestelares anómalos, intenta convertir ese debate en un protocolo observacional. El sistema, propuesto en 2025 por Omer Eldadi, Gershon Tenenbaum y Abraham Loeb, reserva sus niveles más altos para comportamientos difíciles de reconciliar con procesos naturales conocidos. Un frenado sostenido hasta quedar capturado por el Sol encajaría precisamente en esa categoría extrema, bastante por encima del nivel que hoy se asigna a 3I/ATLAS.










