¿Qué pasa cuando un dron submarino no necesita viajar por su cuenta hasta la zona caliente? Lockheed Martin cree tener una respuesta con Lamprey MMAUV, un vehículo sumergible autónomo pensado para adherirse al casco de barcos o submarinos, recargar sus baterías durante el trayecto y entrar en misión con la carga completa. La compañía lo presentó el 9 de febrero como una plataforma “plug-and-play” para operaciones de acceso encubierto y negación del mar.
La idea, en realidad, es bastante más seria de lo que suena. Según Lockheed Martin, el sistema puede llevar cargas modulares para distintas misiones, desde torpedos antisubmarinos hasta lanzadores de drones aéreos, además de tareas de inteligencia, vigilancia, reconocimiento y despliegue de equipos en el fondo marino. The War Zone añade que el diseño mostrado incluye hasta tres lanzadores retráctiles dobles, es decir, hasta seis drones en una sola configuración.
La clave no está solo en el armamento, sino en cómo llega al punto de operación. Lockheed asegura que Lamprey puede engancharse a una plataforma anfitriona “sin modificaciones” y recargar sus baterías con hidrogeneradores integrados mientras el buque avanza. En la práctica, eso significa algo importante: el dron no gasta su propia autonomía en el desplazamiento largo y puede reservar energía para vigilar, esperar en el fondo o atacar cuando reciba la orden. Y ahí es donde cambia el tablero.
La empresa lo presenta como una herramienta para dos grandes familias de misión: “Assured Access”, centrada en inteligencia encubierta, vigilancia persistente y ataque de precisión, y “Sea Denial”, orientada a interrupción electrónica, señuelos y ataque cinético. Paul Lemmo, vicepresidente y director general de Sensors, Effectors & Mission Systems en Lockheed Martin, resumió el planteamiento con una frase muy directa: “The modern battlespace demands platforms that hide, adapt and dominate”.
El salto industrial y estratégico está en la modularidad. The War Zone señala que Lamprey dispone de 24 pies cúbicos de espacio interno de carga útil, propulsión eléctrica y cuatro impulsores para maniobra, además de la capacidad de comunicarse mediante un mástil retráctil y, en los materiales promocionales, incluso compartir datos con un F-35 para que otra plataforma ejecute el ataque. No es un detalle menor: el valor ya no está solo en el dron, sino en cómo se integra en una red de combate distribuida.
Todo esto llega, además, en un momento en el que el sector acelera hacia la guerra submarina no tripulada y de bajo coste relativo. Anduril ya presentó en 2025 su familia Copperhead, definida por la propia empresa como una gama de vehículos autónomos submarinos de alta velocidad diseñados para ser lanzados desde otras plataformas autónomas. Dicho de otro modo, la industria está empujando hacia un mismo sitio: más masa, más sensores y más capacidad de ataque sin exponer buques tripulados en primera línea.
Ahora bien, conviene bajar un punto la temperatura. Lockheed no ha detallado públicamente el alcance, la velocidad, la autonomía real ni el coste unitario de Lamprey, y tampoco está claro en qué fase exacta de madurez se encuentra el programa. Por eso, hoy por hoy, el anuncio vale más como señal de hacia dónde va la industria naval militar que como confirmación de un despliegue inmediato. Pero la dirección parece clara. En adelante, el problema para cualquier marina rival no será solo detectar un barco enemigo. Será preguntarse qué pequeños robots ha dejado escondidos en el agua.










