Un equipo de la Oregon State University ha comprobado que las patatas pueden crecer en simulantes de suelo lunar, una posibilidad que durante años ha pertenecido más a la ciencia ficción que a la agronomía experimental. El estudio, difundido en bioRxiv y aún pendiente de revisión por pares, analizó cómo responde la variedad Modoc de Solanum tuberosum cuando se cultiva en distintos simulantes de regolito, el material rocoso y polvoriento que cubre la superficie de la Luna.
La investigación parte de una dificultad elemental. El regolito lunar carece de la materia orgánica que hace fértiles los suelos terrestres y, además, puede contener compuestos capaces de estresar a las plantas. La propia NASA ya había demostrado en 2022 que algunas especies pueden germinar en muestras reales de suelo lunar, pero también observó señales claras de estrés biológico. El nuevo trabajo da un paso adicional al centrarse en un cultivo alimentario de alto interés para futuras misiones tripuladas.
El compost cambia el resultado
Los ensayos mostraron que las patatas crecieron mal en regolito puro. Todas las plantas cultivadas en estos sustratos fueron más bajas que las del suelo de control y produjeron menos tubérculos, aunque el efecto varió según el tipo de simulante empleado. Sin embargo, el panorama cambió cuando los investigadores añadieron vermicompost, una enmienda orgánica rica en nutrientes.
En uno de los tratamientos, con una mezcla de 70% de simulante lunar mare y 30% de compost, las plantas llegaron a comportarse de forma prácticamente indistinguible de los controles, según el propio manuscrito. Los autores resumen el hallazgo con una frase que condensa bien su alcance: “regolith-based agriculture is a viable long-term strategy”, aunque matizan que esa viabilidad no parece realista en etapas muy tempranas, cuando el sustrato siga siendo pobre en orgánicos.
Un avance útil, pero todavía lejos de The Martian
El trabajo está firmado por David Handy, Anika Loeffler, Medora Knudson, Sydney Campbell, Pankaj Jaiswal, Jeffrey C. Anderson y Aymeric Goyer, investigador de la Oregon State University y autor de correspondencia. Además del crecimiento y la producción, el equipo examinó perfiles de expresión génica y detectó respuestas asociadas a estrés abiótico, fotosíntesis y metabolismo secundario, una señal de que la planta no percibe ese entorno como equivalente a un suelo normal.
La relevancia del estudio no reside en que la Luna vaya a convertirse pronto en un campo de cultivo. El experimento se ha hecho en la Tierra, con simulantes y condiciones controladas, no bajo radiación lunar real ni en baja gravedad. Aun así, sugiere que producir alimentos en una futura base podría depender menos de transportar grandes volúmenes de sustrato desde la Tierra y más de aprender a corregir químicamente el material local. Esa diferencia, en logística espacial, es enorme.










