La nueva fase de expansión ferroviaria en Asia interior tiene dos nombres propios. El primero es el ferrocarril Haoji, una arteria de 1.813,5 kilómetros que une Haolebaoji, en Mongolia Interior, con Ji’an, en la provincia de Jiangxi, y que fue concebido para transportar grandes volúmenes de carbón a través de siete provincias chinas. El segundo es el corredor Gashuunsukhait-Gantsmod, un enlace fronterizo cuya construcción se lanzó en junio de 2025 y que busca reforzar la conexión entre los yacimientos mongoles y el mercado chino.
El interés por estas infraestructuras no responde solo a su escala física. También refleja la prioridad energética y minera de China en el norte de Asia, donde el ferrocarril sigue siendo la herramienta más eficiente para mover carbón, cobre y otras materias primas a bajo coste y con mayor continuidad operativa que la carretera. En este sentido, la combinación entre redes interiores de gran capacidad y pasos fronterizos especializados dibuja una arquitectura logística más ambiciosa que la mera suma de proyectos aislados.
La pieza clave de la red carbonera china
El Haoji se ha consolidado como una de las líneas de carga pesada más largas del mundo y como una infraestructura central para la redistribución del carbón desde el norte productor hacia las regiones industriales del centro de China. En su fase inicial, la línea fue diseñada con 77 estaciones, una velocidad operativa de 120 kilómetros por hora y una capacidad prevista de 200 millones de toneladas anuales. Xinhua la presentó en 2019 como una infraestructura llamada a aliviar cuellos de botella históricos en el sistema de transporte energético del país.
La lógica de esta obra no es la del espectáculo ingenieril, sino la de la integración industrial. Li Yongjin, ingeniero jefe del proyecto en China Railway Design Corporation, explicó a China Daily que “the line connects several existing railways and forms a huge network that will boost comprehensive transportation capability”. La clave, por tanto, está en la red que articula, no en una imagen simplificada de una sola estructura monumental atravesando el desierto.
Mongolia abre un corredor decisivo para sus exportaciones
La segunda pieza del tablero se está jugando ya en la frontera. La Autoridad Ferroviaria de Mongolia sostiene que el nuevo enlace Gashuunsukhait-Gantsmod tendrá 32,6 kilómetros y podrá mover 40 millones de toneladas de carga al año, con un diseño de doble ancho de vía que busca facilitar el intercambio con China. Además, el organismo subraya que se trata de la segunda conexión ferroviaria transfronteriza entre ambos países desde la línea Zamyn Üüd-Erlian, acordada en 1955.
El trasfondo económico es incluso más relevante que la propia obra. Mongolia aspira a elevar de forma sustancial sus exportaciones de carbón, mientras gigantes extractivos como Oyu Tolgoi refuerzan el peso del país en el mapa global del cobre. Rio Tinto describe ese yacimiento del sur del Gobi como uno de los mayores depósitos conocidos de cobre y oro del mundo y sostiene que, cuando su mina subterránea esté plenamente completada, podría convertirse en la cuarta mayor explotación cuprífera del planeta.
La fotografía que emerge es la de un corredor euroasiático cada vez más especializado en energía y minerales, con China actuando como destino industrial y Mongolia como proveedor estratégico. De este modo, el futuro de estas líneas dependerá menos de su impacto visual que de su capacidad para sostener, durante la próxima década, un flujo estable de materias primas en una región donde la infraestructura vuelve a ser una herramienta de poder económico.













