¿Y si el gran cuello de botella del hidrógeno verde no estuviera solo en la electricidad, sino también en el agua? Ahí es donde entra el último avance de la Universidad de Sídney. Un equipo de investigadores australianos ha demostrado que es posible producir hidrógeno a partir de agua de mar usando luz y galio líquido, sin necesidad de una desalación previa y con un esquema químico que, en teoría, permite reutilizar el material una y otra vez. El trabajo se publicó en Nature Communications el 20 de enero de 2026.
La novedad no es menor. En gran medida, dos de los grandes problemas del hidrógeno verde siguen siendo conocidos: el consumo energético del proceso y la dependencia de agua purificada en muchas tecnologías convencionales. El sistema australiano intenta atacar ambos frentes a la vez. Según el artículo científico, la oxidación fototérmica del galio líquido genera hidrógeno tanto con agua dulce como con agua salina, y el subproducto, oxihidróxido de galio, puede reducirse electroquímicamente para regenerar el metal y cerrar el ciclo.
En la práctica, el mecanismo tiene algo de elegante y algo de extraño. El galio, que funde a unos 29,8 °C, pasa a estado líquido cerca de la temperatura ambiente. Cuando se dispersa en gotas y se expone a la luz, se calienta, rompe su capa superficial de óxido y reacciona con el agua. El resultado es doble: se libera hidrógeno y se forma GaOOH, que después puede recuperarse para volver a empezar. El paper lo resume como una ruta “rápida y circular” para producir hidrógeno a partir de distintas fuentes de agua.
Los autores aportan, además, cifras que ayudan a medir el alcance real del hallazgo. En sus ensayos, el sistema alcanzó una eficiencia circular estimada del 12,9%. Con agua de mar recogida en la costa, obtuvo el 98,4% del rendimiento teórico máximo tras 180 minutos, aunque a una velocidad algo menor por la presencia de materia orgánica y otros compuestos que interfieren con la luz. Es decir, funciona. Pero con matices.
Porque aquí conviene bajar el entusiasmo un escalón. El propio estudio describe pruebas con irradiancias de hasta 600 mW/cm², equivalentes a seis soles concentrados, y con un fotoreactor de laboratorio que utilizó 0,2 gramos de galio para producir alrededor de 96 mL de hidrógeno en 90 minutos en las mejores condiciones. Dicho de otro modo, esto no compite todavía con una instalación industrial. Es una demostración científica prometedora, no una solución lista para sustituir electrolizadores en refinerías o puertos. Y esa diferencia importa.
Aun así, el movimiento merece atención industrial. Australia lleva años intentando consolidarse como actor relevante en la futura economía del hidrógeno, y tecnologías como esta amplían el tablero. “Ahora tenemos una forma de extraer hidrógeno sostenible utilizando agua de mar, que es fácilmente accesible, y basándonos únicamente en la luz”, señaló el autor principal, Luis Campos. El codirector del proyecto, François Allioux, añadió que el hidrógeno “podría desempeñar un papel clave” en la ventaja internacional de Australia en este mercado.
Al final del día, lo que presenta este trabajo no es una promesa milagrosa, sino una pista industrial seria: si se puede producir hidrógeno sin agua ultrapura y con un proceso circular basado en luz, el mapa tecnológico cambia un poco. No mañana. Pero sí empieza a moverse hoy.












