EEUU impulsa un sistema con amoniaco que permite a los buques prescindir del diésel y acelera la ruta naval sin carbono

Por: Indux
Publicado el: 13 de abril de 2026 a las 12:08
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EEUU impulsa un sistema con amoniaco que permite a los buques prescindir del diésel y acelera la ruta naval sin carbono

Estados Unidos ha dado un paso relevante en la búsqueda de combustibles alternativos para la navegación comercial con una tecnología que permite mover buques sin recurrir al diésel y sin quemar directamente combustibles fósiles a bordo. La empresa Amogy ha desarrollado un sistema que utiliza amoniaco líquido como portador energético, lo descompone en hidrógeno y nitrógeno mediante craqueo catalítico y emplea después ese hidrógeno en pilas de combustible para generar electricidad. La compañía asegura que sus catalizadores de craqueo alcanzan una eficiencia hasta un 70% superior a la de otras alternativas comerciales disponibles.

La relevancia del sistema no reside solo en el laboratorio. En septiembre de 2024, Amogy completó la travesía inaugural del NH3 Kraken, descrito por la compañía como el primer buque marítimo propulsado con amoniaco y libre de carbono. Se trata de un remolcador reconvertido que originalmente funcionaba con generadores diésel y motores eléctricos, y que ahora opera con un sistema de conversión de amoniaco a electricidad desarrollado por la firma.

El interés de esta vía es claro para una industria que sigue dependiendo del fueloil pesado y del diésel marino. El Departamento de Energía de EEUU incluye el amoniaco entre los combustibles de nueva generación con mayor potencial para descarbonizar el transporte marítimo, junto a otras rutas como metanol, etanol o sistemas electrificados. En paralelo, la hoja de ruta federal sobre innovación energética marítima plantea aumentar de aquí a 2030 la capacidad para repotenciar barcos con tecnologías eléctricas, híbridas y de pila de combustible.

La ventaja central del sistema de Amogy es que evita los problemas logísticos del hidrógeno puro, un combustible difícil de almacenar y transportar por sus exigencias de temperatura y presión. El amoniaco, en cambio, puede licuarse y manejarse con infraestructuras industriales ya conocidas, y después transformarse a bordo en hidrógeno utilizable. MIT, que ha seguido el desarrollo de la empresa fundada por antiguos alumnos de la institución, resume esa lógica con claridad: el hidrógeno es muy atractivo para la industria pesada y el transporte marítimo, pero el amoniaco resulta mucho más manejable como vector energético.

El sistema patentado de la compañía no quema el amoniaco directamente, sino que lo craquea para separar sus componentes y canaliza el hidrógeno a una pila de combustible. De ese modo, la propulsión puede producirse sin emisiones directas de carbono en el punto de uso, una diferencia clave frente a motores térmicos adaptados a otros combustibles.

El avance no elimina todos los problemas. Investigadores del MIT advirtieron en 2024 de que el uso de amoniaco en motores de combustión marítimos podría generar riesgos significativos para la salud pública por emisiones de partículas finas y subproductos atmosféricos, especialmente si no se controla bien la combustión. Esa cautela afecta menos a sistemas como el de Amogy, basados en craqueo y pila de combustible, pero confirma que la carrera por sustituir el diésel marino no depende solo de encontrar un combustible, sino de elegir bien cómo se convierte en energía útil.

Aun así, el rumbo ya está marcado. El NH3 Kraken no resuelve por sí solo la descarbonización global del transporte naval, pero demuestra que un buque puede navegar sin diésel mediante un sistema eléctrico alimentado por amoniaco. Para una industria que necesita combustibles densos, autonomía elevada y soluciones escalables, eso sitúa a EEUU en una posición destacada dentro de una de las transiciones energéticas más difíciles del planeta.

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