Dinamarca ha llevado a escala industrial una tecnología discreta, pero estratégica, para amortiguar el coste de la energía. En Høje Taastrup, al oeste de Copenhague, una gran fosa excavada en el terreno permite almacenar 70.000 metros cúbicos de agua caliente, equivalentes a unos 70 millones de litros, para reutilizar ese calor cuando la demanda sube o la producción resulta más cara. La instalación, desarrollada para la red de calefacción urbana local y metropolitana, ya opera como un sistema de almacenamiento térmico de 3.300 MWh de capacidad.
La lógica del proyecto es directa. Cuando hay electricidad abundante o calor disponible en la red, la energía se desplaza desde el sistema eléctrico al térmico y se guarda en forma de agua a entre 80 y 90 grados. Después, ese calor se libera hacia la red de calefacción cuando conviene desde el punto de vista técnico o económico, lo que reduce la necesidad de recurrir a picos de producción más caros y, en muchos casos, ligados todavía a combustibles fósiles.
El almacén no guarda electricidad como una batería química convencional. Guarda calor útil, que en países como Dinamarca tiene un valor inmediato porque buena parte del consumo doméstico depende de redes de calefacción urbana. La infraestructura está formada por una cavidad impermeabilizada con una membrana plástica resistente a altas temperaturas y cubierta por un gran aislamiento técnico diseñado para minimizar pérdidas, evacuar humedad y soportar lluvia y nieve.
Este diseño ha permitido algo poco habitual en este tipo de instalaciones. Los sistemas de pit thermal energy storage se han usado sobre todo para almacenamiento estacional, pero el caso de Høje Taastrup se ha convertido en la primera gran demostración a escala real de almacenamiento térmico de ciclo corto, con operaciones repetidas a lo largo del año en lugar de una sola carga en verano y descarga en invierno. Un estudio técnico publicado en Journal of Energy Storage concluye que el sistema alcanzó una eficiencia energética anual del 89%, una cifra relevante para una instalación de este tamaño.
Menos gas de respaldo y más flexibilidad
La utilidad del proyecto no se limita al ahorro local. La instalación aporta flexibilidad al conjunto del sistema metropolitano de calefacción de Copenhague, donde las oscilaciones del mercado eléctrico y la entrada variable de renovables obligan a ajustar producción y consumo con mucha más precisión que hace una década. Según PlanEnergi, el almacén funciona como un sistema de almacenamiento semanal, y no solo estacional, para aprovechar mejor los momentos en que producir calor resulta más barato.
La relevancia económica también empieza a medirse. Høje Taastrup Fjernvarme y VEKS, las entidades propietarias, cifran el beneficio operativo anual en al menos 8 millones de coronas danesas, dentro de una instalación cuyo coste total se situó en torno a 90 millones. Astrid Birnbaum, directora de Høje Taastrup Fjernvarme, destacó al presentar el proyecto que el modelo “ha creado una nueva forma de optimizar la producción de calor entre distintos actores del sistema”, mientras que el director de VEKS, Morten Stobbe, lo describió como un avance capaz de reducir la dependencia de los combustibles fósiles en los momentos de máxima demanda.
El caso danés sugiere así una vía concreta para la transición energética europea. No toda la energía sobrante necesita convertirse en electricidad almacenada. En sistemas con calefacción urbana extendida, transformarla en calor y conservarla bajo tierra puede resultar una solución más barata, menos compleja y más inmediata.













