Los investigadores Philippe de Donato y Jacques Pironon del laboratorio GeoRessources del CNRS y la Université de Lorraine confirmaron el 24 de marzo de 2026 el hallazgo bajo Pontpierre, en el departamento de Mosela. El depósito contiene 46 millones de toneladas de hidrógeno blanco a profundidades que proyectan concentraciones superiores al 90%.
El proyecto REGALOR arrancó en 2018 para verificar las estimaciones de metano que el Instituto Francés del Petróleo había calculado en 2012 para la cuenca de Lorena, en el noreste de Francia. A entre 600 y 800 metros de profundidad, las perforaciones encontraron lo previsto, metano al 96% de pureza. Pero a medida que las sondas bajaban más, el hidrógeno empezó a aparecer donde nadie lo esperaba. A 1.100 metros, el porcentaje de hidrógeno superaba el 15%. Las simulaciones para los 3.000 metros proyectaban concentraciones superiores al 90%. El equipo había ido a buscar gas natural y estaba perforando el mayor depósito de hidrógeno natural conocido del planeta.
El depósito se extiende bajo Pontpierre, en Mosela, y según los datos disponibles alcanza hacia Bélgica, Luxemburgo y Alemania. Su valor estimado supera los 92.000 millones de dólares. En términos de volumen energético, representa más de la mitad de la producción anual mundial de hidrógeno gris, el que hoy se fabrica a partir de combustibles fósiles.
Por qué el hidrógeno aparece solo bajo la roca
El hidrógeno del depósito loreno no fue inyectado ni fabricado. Se forma mediante una reacción geoquímica entre el agua subterránea y los minerales de carbonato de hierro presentes en la roca, concretamente siderita (FeCO3) y ankerita. Jacques Pironon, del laboratorio GeoRessources del CNRS, lo explica así: «Los minerales separan las moléculas de agua en oxígeno e hidrógeno.» El resultado es hidrógeno molecular libre que migra a través de fallas y se acumula en estructuras geológicas porosas.
Este tipo de hidrógeno recibe el nombre de hidrógeno blanco o hidrógeno nativo para distinguirlo del verde, producido por electrólisis con energía renovable, y del gris, producido con gas natural. El hidrógeno blanco no requiere energía de entrada para generarse porque el proceso lo realiza la geología de forma continua y sin emisiones de CO₂.
Para medir las concentraciones a profundidades superiores a un kilómetro, el equipo desarrolló una sonda especializada denominada SysMoG, patentada en abril de 2023 junto a la empresa Solexperts. El instrumento mide gases disueltos en acuíferos en perforaciones de apenas seis centímetros de diámetro, condición indispensable para obtener datos fiables sin contaminar la muestra.
El problema que queda sin resolver
El hallazgo geológico es excepcional. La ingeniería de extracción, sin embargo, no existe todavía a escala industrial. Los depósitos de hidrógeno blanco a estas profundidades no tienen precedente en explotación comercial y los métodos disponibles para extraer hidrógeno, separarlo de otros gases y transportarlo hasta la superficie sin pérdidas significativas están en fase de investigación. El propio Pironon lo señaló sin rodeos: «Necesitamos entender el potencial completo de estos reservorios y desarrollar métodos seguros y eficientes para extraerlos.»
La empresa Française de l’Energie, que participó en el proyecto desde su inicio, lidera los trabajos de campo mientras los investigadores del CNRS continúan caracterizando el depósito. El siguiente paso es determinar con más precisión las concentraciones a gran profundidad y evaluar la estabilidad geológica de las formaciones que lo contienen. Hasta que eso esté resuelto, las 46 millones de toneladas seguirán donde llevan formándose durante millones de años, bajo la llanura de Lorena.












