El aval y la advertencia llegaron en el mismo mensaje. Elon Musk publicó en X la frase “Grok can help with your taxes” (Grok puede ayudarte con tus impuestos.) junto a un caso compartido por un miembro de su equipo en xAI, un usuario había pasado su declaración preparada con TurboTax por el chatbot y este identificó información que, según el relato, incrementó su devolución en 1.400 dólares, equivalente a casi cuatro años de suscripción a Grok Premium. La publicación cerraba con una frase que deshacía parte de lo anterior: “This/Grok is not tax advice so always confirm yourself too” (Esto/Grok no es asesoramiento fiscal, así que siempre confirme usted mismo).
La recomendación del hombre más rico del mundo en plena campaña fiscal estadounidense generó suficiente tracción para que expertos en fiscalidad sometieran los principales chatbots a pruebas con escenarios hipotéticos idénticos. El resultado fue una diferencias superiores a 2.000 dólares entre las respuestas de distintos modelos ante el mismo caso. Ninguno de los sistemas sometidos a prueba ofreció una cifra consistente ni justificada con la normativa vigente.
Por qué los modelos de lenguaje fallan en impuestos
Los grandes modelos de lenguaje operan generando texto plausible a partir de patrones estadísticos, no ejecutando cálculos sobre bases legales actualizadas. El problema en fiscalidad es estructural, ya que los códigos tributarios cambian cada año, las deducciones varían por comunidad autónoma o estado, y las situaciones no estándar, como ingresos de trabajadores independientes, propinas, ganancias por criptomonedas o pérdidas en juegos de azar, requieren aplicar reglas específicas que los modelos con mayor frecuencia no interpretan correctamente o directamente inventan.
El fenómeno técnico se llama alucinación, donde el modelo produce información que suena coherente pero que es incorrecta, desactualizada o fabricada. En una declaración fiscal, una alucinación puede ser una deducción que no existe, un porcentaje incorrecto o una casilla asignada al concepto equivocado. La Agencia Tributaria española aplica sistemas automatizados de verificación cruzada sobre los datos declarados; cualquier discrepancia con los datos que ya obran en su poder, sean nóminas, retenciones bancarias o rendimientos del capital, genera un requerimiento o una comprobación limitada.
La responsabilidad nunca recae en el chatbot
La consecuencia legal más relevante es que ningún modelo de IA, ni Grok ni ChatGPT ni ningún otro, tiene responsabilidad fiscal. Si una declaración contiene errores, sea cual sea su origen, la Agencia Tributaria dirigirá la liquidación, la sanción y los intereses de demora exclusivamente contra el contribuyente. El chatbot no puede ser requerido, no puede pagar ni puede alegar ante un tribunal.
A ello se añade un riesgo de privacidad que los expertos consideran subestimado. Para obtener respuestas precisas, el usuario necesita proporcionar datos concretos: ingresos, retenciones, rendimientos del capital, situación familiar, hipoteca, planes de pensiones. Esa información introducida en plataformas de IA de terceros puede almacenarse en servidores fuera del ámbito del Reglamento General de Protección de Datos europeo y, en función de las condiciones de uso aceptadas, utilizarse para el entrenamiento de modelos futuros.
El matiz que Musk omitió
El caso que Musk amplificó corresponde a una revisión de una declaración ya preparada con software especializado, no a una declaración elaborada desde cero por el chatbot. Esa diferencia es relevante. TurboTax y herramientas equivalentes tienen integración directa con datos fiscales del contribuyente, aplican la normativa vigente y asumen responsabilidad por errores derivados del software. Grok, en ese escenario, actuó como un segundo par de ojos sobre un documento ya elaborado, con el resultado concreto de detectar una deducción no aplicada. Ese uso limitado es distinto a delegar la preparación completa de la declaración en un chatbot.
El contexto importa especialmente en España, donde la campaña de la Renta 2025 se abre en abril de 2026 y la propia Agencia Tributaria pone a disposición del contribuyente Renta Web, una herramienta oficial con acceso a los datos fiscales del declarante. La diferencia entre esa herramienta y un chatbot generalista no es de comodidad: es de acceso real a los datos y de responsabilidad sobre el resultado.










