Se trata de un misil hipersónico probado en vuelo, propulsado por primera vez por un motor de combustible líquido almacenable

Por: Indux
Publicado el: 20 de marzo de 2026 a las 12:08
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Misil hipersónico montado sobre una plataforma de lanzamiento en un entorno abierto

La Air Force Research Laboratory y la empresa Ursa Major han completado un vuelo del Affordable Rapid Missile Demonstrator (ARMD) impulsado por el motor líquido Draper, un sistema diseñado para usar propelentes almacenables y ofrecer control de empuje en misiones tácticas. El ensayo, anunciado el 12 de marzo, alcanzó velocidades supersónicas y elevó la madurez tecnológica del motor, un paso relevante para futuros interceptores y misiles de alta velocidad. La clave, sin embargo, es que el programa todavía no ha demostrado en este vuelo una velocidad hipersónica superior a Mach 5, aunque sí apunta a esa evolución posterior.

El interés del Pentágono por esta arquitectura responde a una limitación conocida. Los motores cohete sólidos son sencillos de almacenar y desplegar, pero no permiten modular el empuje una vez encendidos. Los líquidos, por el contrario, pueden acelerarse, reducir potencia o reiniciarse, aunque suelen exigir combustibles más complejos de manejar. En este sentido, Draper intenta cerrar esa brecha al combinar queroseno e hidrógeno peróxido en una configuración líquida pensada para conservarse durante largos periodos.

Un motor táctico para misiles más flexibles

La compañía había presentado Draper en 2023 como un motor de 4.000 libras de empuje orientado a defensa hipersónica y maniobra espacial. Según Ursa Major, más del 80% de sus componentes se fabrica con técnicas aditivas, una estrategia que busca reducir plazos, costes y dependencia de cadenas industriales más lentas. La empresa sostiene además que el sistema puede operar tanto dentro como fuera de la atmósfera, una versatilidad especialmente atractiva para aplicaciones de ataque e interceptación.

Chris Spagnoletti, consejero delegado de la compañía, resumió el valor del ensayo con una frase que apunta al núcleo industrial del proyecto: “This flight proves that you can get a vehicle with a safe, storable and throttleable liquid engine in the air quickly and affordably”, explicó en el comunicado oficial. El general Jason Bartolomei, al frente de AFRL, fue más allá y aseguró que el programa abre una vía hacia un elemento disuasorio producible a escala y con menor coste.

La conexión más visible con un arma operativa llegó en febrero, cuando la empresa presentó HAVOC, un sistema de alcance medio basado en el mismo motor. Según Breaking Defense, el diseño aspira a situarse entre las armas hipersónicas más sofisticadas y las municiones más baratas, con una arquitectura modular lanzable desde aire, tierra o configuraciones de despegue vertical. La propuesta no compite solo en velocidad, sino en precio y volumen de fabricación.

Por ello, el ensayo de marzo debe leerse como una validación de propulsión más que como la certificación de un misil hipersónico plenamente operativo. El ARMD voló en régimen supersónico, mientras que HAVOC sigue siendo una propuesta industrial todavía no demostrada en combate ni en un perfil hipersónico completo. La cuestión abierta ahora es si esta combinación de propelentes almacenables, control de empuje y fabricación aditiva logrará traducirse en una capacidad desplegable a gran escala dentro del arsenal estadounidense.

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