Francia ha activado la fase de realización de su portaaviones de nueva generación, el programa PA-NG, y ya ha desvelado además el nombre con el que navegará a partir de 2038: France Libre. El proyecto, confirmado por Emmanuel Macron y respaldado por la industria naval francesa, reemplazará al Charles de Gaulle con un buque de 310 metros y cerca de 80.000 toneladas, lo que lo convertirá en la mayor plataforma de combate jamás construida en Europa.
La decisión no surge de la nada. El relevo del Charles de Gaulle, en servicio desde 2001 y previsto para el final de la década de 2030, forma parte de una planificación iniciada formalmente en 2020, cuando el Elíseo y Naval Group lanzaron los estudios del futuro portaaviones nuclear. Desde entonces, el Estado francés ha ido encadenando hitos técnicos para evitar retrasos en un programa de enorme complejidad industrial.
El contexto estratégico también explica la aceleración. Francia es hoy la única potencia nuclear de la Unión Europea y la única marina europea que opera un portaaviones de propulsión nuclear, un elemento central de su doctrina de disuasión y de su proyección en el Mediterráneo, el Índico y el Pacífico. Sin embargo, el nuevo buque no competirá en tamaño con los superportaaviones estadounidenses de más de 100.000 toneladas, aunque sí ampliará de forma sensible la autonomía y la capacidad aérea francesa.
El calendario del PA-NG ya ha superado una fase clave. En abril de 2024, la Dirección General del Armamento francesa notificó a Naval Group y TechnicAtome el primer contrato de trabajos anticipados para las plantas nucleares del buque, con actividad programada entre 2024 y 2029. La construcción de los sistemas nucleares ya está en marcha, con Cherburgo encargándose de los recintos de confinamiento y Nantes-Indret de las capacidades principales de las chaufferies.
Este despliegue moviliza a Naval Group, Chantiers de l’Atlantique, TechnicAtome y a una extensa red de suministradores. El propio grupo naval francés subraya que más de 200 oficios y especialidades participan ya en el programa, una cifra que ilustra la dimensión tecnológica de una nave que deberá integrar propulsión nuclear, combate naval, aviación embarcada y sistemas de mando en una sola plataforma.
El PA-NG incorporará otro cambio de fondo: el uso de EMALS y AAG, las catapultas electromagnéticas y sistemas avanzados de frenado desarrollados en Estados Unidos. La aprobación de esta venta militar a Francia figura en la biblioteca oficial de la DSCA, lo que confirma que París ha optado por una arquitectura de lanzamiento similar a la de los portaaviones más modernos. Este salto resulta clave para operar cazas más pesados, aviones de alerta temprana y, previsiblemente, drones embarcados.
El diseño apunta precisamente a ese horizonte. El futuro buque debe acoger el caza de nueva generación del programa FCAS y mantener la capacidad de portar aeronaves con armamento nuclear, del mismo modo que hoy lo hace el Charles de Gaulle. Macron lo resumió al presentar el nombre del barco: “Para seguir siendo libres, debemos ser temidos. Para ser temidos, debemos ser poderosos”, una frase que sitúa el proyecto en la intersección entre industria, soberanía y señal política.
La entrada en servicio no llegará antes de 2038 y el programa todavía deberá superar pruebas técnicas, ajustes presupuestarios y la integración de sus sistemas aéreos. El mensaje real del PA-NG no parece dirigido a la Armada estadounidense, sino a la autonomía estratégica europea: Francia quiere seguir siendo una de las pocas potencias capaces de operar, de forma continua, una base aérea nuclear móvil en alta mar.










